El uso temprano de redes sociales volvió al centro del debate político en Francia. Esta semana, el Parlamento avanzó en la discusión de una propuesta que plantea restringir la creación de cuentas digitales a menores de 15 años, una medida que apunta a redefinir la relación entre infancia, tecnología y responsabilidad de las plataformas.
La iniciativa surge como respuesta a preocupaciones sociales cada vez más visibles: ciberacoso, consumo de contenidos inapropiados y una creciente dependencia digital entre niñas, niños y adolescentes. Legisladores que respaldan el proyecto sostienen que el Estado debe intervenir para fijar límites claros en un entorno que hoy crece más rápido que las reglas que lo regulan.
Más allá de las familias, la propuesta coloca el foco en las empresas tecnológicas. El planteamiento contempla sanciones para aquellas plataformas que permitan registros de menores sin verificar la edad, trasladando parte de la responsabilidad a compañías que durante años han operado con controles mínimos en este rubro.
El debate francés no ocurre en aislamiento. Se inscribe en una discusión más amplia dentro de la Unión Europea, donde países como España y Alemania analizan esquemas similares y Bruselas presiona por mayor transparencia algorítmica y protección infantil. Si prospera, la medida colocaría a Francia entre los países con regulaciones más estrictas en materia de redes sociales, marcando un posible punto de inflexión en la forma en que Europa entiende la infancia en la era digital.