El sarampión, una enfermedad que parecía controlada, volvió a colocarse en el centro de la conversación sanitaria nacional. Jalisco enfrenta en 2026 el brote más severo del país, con 829 casos confirmados que representan poco más de la mitad de los diagnósticos registrados a nivel nacional, además de mil 636 personas que permanecen bajo vigilancia médica por presentar síntomas compatibles.
Especialistas de la Asociación Mexicana de Vacunología advierten que el crecimiento no solo es sostenido, sino acelerado. Tan solo en enero, la entidad superó el total de casos reportados durante todo 2025, lo que implica un aumento del 125 por ciento en comparación con el año anterior. Para la comunidad médica, este comportamiento confirma que la transmisión sigue activa y que las medidas actuales no han sido suficientes para contenerla.
Los datos oficiales respaldan la preocupación. Jalisco lidera también la tasa de incidencia nacional, con 9.23 casos por cada 100 mil habitantes, una cifra que contrasta con el promedio del país, ubicado en 1.10. Colima aparece en segundo lugar con 5.83, muy por debajo del nivel que hoy registra el territorio jalisciense.
Aunque autoridades de los tres niveles de gobierno, así como brigadas universitarias y de salud pública, han intensificado acciones de contención, el avance del sarampión no se ha detenido. El escenario revive viejas lecciones sobre la importancia de la vacunación y la vigilancia epidemiológica, y plantea un desafío urgente: evitar que un brote regional se convierta en una crisis sanitaria de mayor alcance.