Después de 12 años de obras, ajustes y retrasos, el Tren Interurbano México-Toluca, conocido como El Insurgente, comenzó operaciones en toda su extensión, marcando el cierre de uno de los proyectos de infraestructura más prolongados y debatidos de los últimos sexenios. La puesta en marcha representa un punto de inflexión para miles de personas que diariamente cruzan entre el Valle de Toluca y la Ciudad de México.
La ruta cuenta con 57.7 kilómetros y siete estaciones, distribuidas entre el Estado de México y la capital del país. Con la apertura del tramo final, el trayecto completo puede realizarse en alrededor de 50 minutos, una reducción significativa frente a los tiempos por carretera, especialmente en horas pico. La frecuencia de paso, de apenas unos minutos entre trenes, busca responder a la alta demanda de usuarios.
Más allá del transporte, el proyecto refleja una apuesta por reordenar la movilidad metropolitana. Se estima que más de 230 mil personas al día podrían utilizar el servicio, lo que aliviaría la presión sobre autopistas saturadas y reduciría emisiones contaminantes. La inversión acumulada, que supera los 100 mil millones de pesos, da cuenta tanto de la complejidad técnica de la obra como de su peso estratégico.
El Insurgente se integra además con otros sistemas de transporte en puntos clave como Observatorio, facilitando conexiones con metro y otros medios urbanos. Aunque aún quedan pendientes obras complementarias y ajustes operativos, el arranque total del tren abre una nueva etapa para una región acostumbrada a los traslados largos y costosos, y coloca al ferrocarril urbano nuevamente en el centro del debate sobre cómo se mueven las ciudades mexicanas.