Lo que debía ser una tarde de hockey amateur terminó convertido en escena de horror en la arena Dennis M. Lynch, en Pawtucket, Rhode Island. Un hombre abrió fuego en plena pista de hielo durante un encuentro juvenil y dejó tres personas sin vida —entre ellas una niña— además de tres heridos. Tras el ataque, el agresor se suicidó en el lugar, según confirmaron las autoridades locales.
La jefa policial Tina Goncalves informó que al arribar encontraron múltiples víctimas, incluido el tirador. Una de las personas trasladadas en estado crítico falleció horas después en el hospital, elevando el saldo mortal. Aunque la edad de la menor aún no ha sido detallada oficialmente, las primeras indagatorias apuntan a que el hecho estaría vinculado con un conflicto familiar, más que con el evento deportivo en sí.
El tiroteo irrumpió mientras se disputaba el partido entre los equipos Coventry-Johnston y St. Raphael-Providence Country Day-North Providence-North Smithfield. Testigos relataron que se escucharon al menos una docena de disparos antes de que jugadores, estudiantes y familiares buscaran refugio. La escena, describieron, fue de confusión y pánico en un espacio tradicionalmente asociado con convivencia y deporte juvenil.
El impacto rebasa a la comunidad inmediata. Autoridades estatales y municipales, entre ellos el alcalde de East Providence, Bob DaSilva, y el gobernador Dan McKee, expresaron condolencias públicas. El episodio resulta especialmente perturbador en un estado que históricamente registra una de las tasas más bajas de homicidios con armas en el país: en el año fiscal 2023 se contabilizaron 58 casos, un promedio de una muerte cada seis días. La tragedia reabre preguntas sobre la violencia armada incluso en territorios donde las cifras parecían ofrecer cierto respiro.