Las calles y carreteras de México se llenaron de incertidumbre este domingo 22 de febrero, luego de que fuerzas federales confirmaran el deceso de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), tras un operativo en Tapalpa, Jalisco. La noticia detonó una ola de violencia en distintos estados: bloqueos, incendios y enfrentamientos que sembraron el miedo entre la población.
En Guadalajara, un joven potosino de 20 años vivió en carne propia los efectos de la jornada violenta. Había viajado para participar en el Maratón de Guadalajara, su primera experiencia deportiva fuera de San Luis Potosí. Lo que prometía ser un recuerdo familiar memorable terminó convertido en una vivencia marcada por el temor.
“Corrimos yo y mi primo, terminamos como a las 9:00 de la mañana y nos regresamos al hotel. Justamente como a las 11:00, cuando entregamos la habitación, empezamos a escuchar sirenas y ambulancias pasar”, relató. En ese momento comenzaron a recibir noticias en sus teléfonos. “Se nos hacía raro porque estaba muy sola la ciudad, pero no sabíamos lo que estaba pasando”.
De acuerdo con el gobernador de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo Cardona, entre el domingo y el martes 24 de febrero se mantuvo contacto con más de 50 potosinos que realizaban actividades recreativas en estados donde se declaró Código Rojo como Jalisco. “Al parecer todos los potosinos que andaban fuera, o al menos en los puntos donde se tuvieron problemas, ya están en San Luis Potosí sanos y salvos”, afirmó el jefe del ejecutivo.
Sin embargo, para la familia del joven corredor, el regreso no fue inmediato ni sencillo. Al salir del hotel observaron a una mujer llorando porque su vuelo había sido cancelado. “Se nos hizo raro. También el recepcionista estaba como que tapado, no nos quiso dar la cara”, comentó.
Minutos después, ya en carretera, enfrentaron uno de los momentos más tensos. “A los 10 minutos que íbamos de regreso, nos tocó vivir una experiencia muy desagradable. Gente encapuchada empezó a aventar poncha llantas”, narró. El conductor logró esquivar los artefactos, pero varios vehículos detrás quedaron varados. “Gracias a Dios pudo maniobrar, pero a los carros que venían atrás sí se las poncharon”.
Ante el riesgo, decidieron avanzar en sentido contrario hasta llegar a un poblado cercano. “Muchos carros estaban regresando, se saltaban las vallas. Llegamos a un hotel y toda la gente estaba llorando”. Eran siete personas en una camioneta y consiguieron la última habitación disponible. “Solo había dos camas individuales. Como pudimos nos acomodamos. El hotel cerró las puertas y había mucha gente corriendo”.
El trayecto hasta ese punto había durado apenas 40 minutos, tiempo suficiente para presenciar escenas que el joven describe como sacadas de una película. “Personas gritando a los lados, corriendo para ponerse a salvo mientras sus coches quedaban a la deriva. Lo feo fue en la carretera, donde nos intentaron bajar”.
A la mañana siguiente, el panorama seguía siendo incierto. “No había gasolineras abiertas. Mis tíos salieron a buscar y lograron que abrieran una; así fue como nos pudimos regresar”. Aplicaciones de navegación -narró- los enviaron por la tramos de la carretera libre donde en el trayecto, observaron presencia del Ejército y la Guardia Nacional. No obstante, aseguró que la sensación de tranquilidad no regresó del todo.
Sin imaginar lo que sucedería, la intención inicial del joven potosino era disfrutar del deporte. “Fui al maratón porque me gusta correr y le dije a mi primo: vamos a vivir esta experiencia bonita en otra ciudad”. Sin embargo, reconoce que la vivencia cambió su percepción. “Me queda una experiencia que nadie espera vivir. Por una parte fue bonito ir a correr, pero no regresaría. No viviría en esa ciudad”.
La caída de uno de los capos más poderosos del país no solo representa un golpe a la estructura criminal que encabezaba, sino que también dejó a civiles atrapados en medio de la violencia. Mientras autoridades federales y estatales aseguran que continúan los operativos para restablecer el orden y llaman a la calma, para quienes quedaron en medio de los disturbios la jornada difícilmente será olvidada.