Argentina dio un paso que reconfigura su relación con la salud global. El gobierno encabezado por Javier Milei formalizó su salida de la Organización Mundial de la Salud, una decisión que había sido anticipada un año atrás y que ahora se concreta dentro de los plazos establecidos por los acuerdos internacionales.
La medida fue confirmada por el canciller Pablo Quirno, quien detalló que el país buscará mantener la cooperación internacional en materia sanitaria, pero bajo un esquema distinto: acuerdos bilaterales y mecanismos regionales que, según el gobierno, permitan preservar la autonomía en la toma de decisiones.
El distanciamiento no es aislado. La administración argentina retoma una postura crítica similar a la adoptada por Estados Unidos durante la gestión de Donald Trump, al cuestionar el papel de la OMS durante la pandemia de covid-19. Desde Buenos Aires se ha sostenido que las recomendaciones del organismo no respondieron estrictamente a criterios científicos, sino a intereses políticos.
Más allá del discurso, la salida abre un nuevo escenario. Argentina apuesta por un modelo donde la soberanía sanitaria tenga mayor peso, aunque el desafío será sostener la cooperación internacional en un mundo donde las crisis de salud trascienden fronteras y requieren respuestas coordinadas.