Moverse en taxi también implica confiar. Bajo esa premisa, autoridades estatales han intensificado los operativos para retirar de circulación unidades que incumplen con la normativa, especialmente aquellas que dificultan la identificación del vehículo o limitan la visibilidad hacia su interior.
Durante la última semana, entre seis y siete taxis fueron sacados de operación por distintas irregularidades. Algunas unidades no portaban placas visibles, otras incumplían con el uso adecuado de portaplacas, y varias más circulaban con vidrios completamente polarizados, una práctica que ha encendido alertas por motivos de seguridad.
El problema no es menor. El uso de polarizado total impide ver quién viaja dentro del vehículo, lo que complica la supervisión y genera incertidumbre para los pasajeros. En un servicio que depende de la confianza pública, este tipo de condiciones puede convertirse en un factor de riesgo.
Las autoridades han advertido que no habrá tolerancia para reincidentes. Las sanciones pueden duplicarse y escalar hacia medidas más severas para concesionarios que ignoren la regulación. En un contexto donde la movilidad urbana exige garantías mínimas de seguridad, el mensaje es claro: quien no cumpla, no circula.