Lo que prometía una noche larga terminó en una despedida anticipada. El concierto de Christina Aguilera en la Ciudad de México, realizado el 17 de marzo, desató molestia entre asistentes que aseguran haber recibido un espectáculo mucho más corto de lo esperado.
En redes sociales, los reclamos se multiplicaron casi de inmediato. Varios fans señalaron que el show apenas alcanzó entre 55 y 60 minutos, muy lejos de las dos horas que se promocionaban como duración aproximada en la plataforma Ticketmaster. A esto se sumaron críticas por canciones recortadas, inicio tardío, una producción escénica considerada limitada e incluso un error al referirse a la ciudad.
Ante el descontento, surgió la posibilidad de presentar quejas ante la Procuraduría Federal del Consumidor, bajo el argumento de posible publicidad engañosa. Sin embargo, el panorama legal no es del todo claro: la duración de los eventos suele manejarse como estimada, lo que complica exigir compensaciones formales.
Aun así, el caso podría escalar si la autoridad detecta inconsistencias relevantes en la información ofrecida al público. Por ahora, ni la artista ni los organizadores han fijado postura, mientras la conversación sigue encendida entre quienes esperaban una noche más extensa y se encontraron con un espectáculo que dejó sensación de vacío.