En la Huasteca potosina, la conservación ambiental ha encontrado un aliado inesperado: los laboratorios. Desde la Facultad de Estudios Profesionales Zona Huasteca de la UASLP, un grupo de investigación trabaja para rescatar especies vegetales que, fuera del microscopio, enfrentan amenazas silenciosas como la pérdida de hábitat y la explotación indiscriminada.
El proyecto, encabezado por la doctora Candy Carranza Álvarez, comenzó con un ejercicio básico pero revelador: identificar qué especies de orquídeas habitan en la región. El punto de partida fue el humedal Ciénaga de Tamasopo, donde se realizó un inventario que permitió detectar ejemplares en riesgo. A partir de ahí, algunas plantas fueron llevadas al laboratorio para iniciar un proceso de reproducción controlada.
La clave está en la biotecnología vegetal. A través del cultivo in vitro, los investigadores pueden multiplicar especies que en condiciones naturales crecen lentamente o tienen dificultades para reproducirse. De una sola planta, explican, es posible generar hasta mil ejemplares, lo que abre una ventana real para su preservación. Actualmente, el laboratorio resguarda cerca de 20 especies, incluyendo algunas provenientes de áreas protegidas como la Sierra del Abra Tanchipa y una orquídea endémica considerada amenazada.
Más allá del rescate biológico, el proyecto también ha revelado nuevas dimensiones de estas plantas. Estudios recientes identificaron que al menos 60 especies de orquídeas en la región tienen antecedentes de uso medicinal, lo que reconfigura su valor cultural y científico. En paralelo, el laboratorio se ha convertido en un semillero de vocaciones, donde estudiantes de distintos niveles participan activamente, descubriendo que la ciencia no solo observa la naturaleza, sino que también puede devolverle vida.