En medio de los preparativos para uno de los eventos deportivos más grandes del mundo, el Senado mexicano dio luz verde al ingreso temporal de 35 militares de Estados Unidos, quienes participarán en labores de adiestramiento con fuerzas nacionales. La decisión, respaldada por una amplia mayoría, refleja la dimensión logística y de seguridad que implica la organización del Mundial de 2026.
Lejos de tratarse de una operación militar convencional, el despliegue responde a un esquema de cooperación bilateral enfocado en capacitación. Durante poco más de un mes, los elementos estadounidenses trabajarán junto a unidades mexicanas especializadas, incluyendo cuerpos de la Marina y equipos estratégicos vinculados a la seguridad aeroportuaria y la atención de emergencias.
El entrenamiento forma parte del ejercicio internacional denominado SOF-32, que contempla simulaciones de riesgo, protocolos de reacción y coordinación ante escenarios complejos. Estas prácticas buscan fortalecer la capacidad de respuesta de las autoridades mexicanas frente a la llegada masiva de visitantes que se espera durante el torneo, especialmente en ciudades sede como Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.
Sin embargo, la medida también revive una discusión recurrente en el país: los límites de la cooperación militar con Estados Unidos. Aunque el acuerdo establece que la presencia será temporal y sin funciones operativas, el tema vuelve a poner sobre la mesa el equilibrio entre colaboración internacional y soberanía, en un contexto donde la seguridad se ha convertido en pieza clave del escaparate global que representará el Mundial.