En uno de los rituales más representativos del cristianismo, el papa León XIV dará un paso que trasciende lo litúrgico: llevará personalmente la cruz durante el Viacrucis del Viernes Santo en el Coliseo de Roma. La escena, cargada de simbolismo, no solo remite al camino de Jesús hacia la crucifixión, sino que coloca al nuevo pontífice en el centro de una tradición que había cambiado en años recientes.
El acto, programado para el 3 de abril, será el primero de este tipo bajo su liderazgo, apenas meses después de haber asumido el pontificado. La ceremonia se realizará en el Coliseo, un sitio históricamente asociado con el martirio de los primeros cristianos, lo que refuerza el peso espiritual del evento dentro del calendario de Semana Santa.
A diferencia de otros años, León XIV decidió asumir directamente el papel de cargar la cruz en cada una de las estaciones del recorrido. Además, encargó las meditaciones que acompañarán el rito a un fraile franciscano con experiencia en Tierra Santa, lo que imprime un enfoque contemporáneo a una tradición milenaria, conectada con los conflictos actuales en esa región.
Más allá del rito, el gesto envía un mensaje claro sobre el estilo del nuevo pontífice. En un contexto global marcado por tensiones y guerras, su participación activa en uno de los actos más solemnes de la Iglesia proyecta una figura que busca reconciliar tradición y presencia simbólica, en un intento por acercar el mensaje religioso a un mundo cada vez más convulso.