Lo que comenzó como un video viral terminó en una salida del gobierno. La polémica por una mujer tomando el sol en una ventana de Palacio Nacional escaló más allá de las redes sociales y derivó en la renuncia de Florencia Franco, quien se desempeñaba como funcionaria en la Secretaría de Hacienda.
Las imágenes, difundidas a finales de marzo, mostraban a una persona recostada en uno de los ventanales del recinto histórico, sede del Poder Ejecutivo. Aunque en un inicio se puso en duda la autenticidad del material, nuevas grabaciones confirmaron el hecho, lo que detonó cuestionamientos sobre el uso de espacios oficiales y el comportamiento de quienes trabajan en ellos.
Con el paso de los días, la presión pública creció. La propia presidenta reconoció que el episodio era real y lo calificó como una conducta inapropiada, aunque también señaló la ausencia de reglas específicas sobre ese tipo de acciones dentro del recinto. Aun así, el caso ya había abierto un debate más amplio sobre la responsabilidad y la imagen de los servidores públicos.
Finalmente, la salida de la funcionaria se concretó el 1 de abril, marcando el cierre de un episodio que trascendió lo anecdótico. Más allá del gesto captado en video, la controversia dejó al descubierto cómo un acto cotidiano puede convertirse en un símbolo de desconexión entre el poder y la percepción ciudadana.