La comunidad de la FES Cuautitlán decidió suspender actividades académicas tras el asesinato de uno de sus estudiantes, en un hecho que encendió la indignación y puso en el centro la seguridad en las inmediaciones del plantel.
El paro fue acordado por alumnos en asamblea como una medida de presión para exigir el esclarecimiento del crimen de Joel Ulises Cristóbal Castillo, quien fue atacado en las cercanías del campus. Aunque las autoridades investigan el caso, la percepción de riesgo entre estudiantes ha detonado una respuesta colectiva.
Las protestas no se limitaron al interior de la facultad. Estudiantes salieron a las calles para visibilizar su inconformidad, bloqueando vialidades y realizando acciones para exigir atención a un problema que consideran constante: la falta de seguridad en los trayectos y alrededores universitarios.
Más allá de la suspensión de clases, el movimiento busca abrir un diálogo con autoridades para implementar medidas concretas de protección. El caso reaviva la discusión sobre la violencia que enfrentan estudiantes en espacios educativos y la urgencia de garantizar condiciones seguras para su desarrollo académico.