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Héctor Serrano Cortés
Héctor Serrano Cortés

En mi opinión

Presa de la desesperación, al alcalde de la capital de San Luis Potosí, Enrique Galindo, no le quedó más remedio que salir al descubierto, como se dijera en el argot policial que, por cierto, él conoce muy bien. El confeso alcalde declaró no solo ser el autor intelectual, sino además material, de promover a través de páginas en redes sociales denostación, descalificación y difusión de falsedades que, en conjunto, atentan contra la dignidad humana. 

Y es lamentable, porque pareciera un político de la vieja guardia que entiende de códigos a la hora de buscar un cargo de elección; sin embargo, se queja cuando se siente ofendido en su entorno familiar, aunque no tiene ningún reparo en vulnerar a las familias de otros actores políticos. Y es que aspirar al poder no justifica la aplicación de ninguna práctica reprobable que atente contra la dignidad humana y, mucho menos, en contra de alguna mujer.  

Seguramente la presión que vivió por la detención y el proceso que aún está abierto en contra de personas allegadas a él y financiadas con recursos de su propia administración, lo obligaron a mostrarse como el responsable de tan denostable acto; por lo que ahora trata de construir una narrativa que ni él mismo cree y utiliza la libertad de expresión como un vulgar pretexto para encubrir tropelías que lastiman a la sociedad de San Luis Potosí.

Como ocurrió durante un desayuno ofrecido a representantes de medios de comunicación, donde pronunció tremenda arenga que pretendió tocar las fibras más sensibles de los ahí presentes; pero periodistas y reporteros lo conocen y, precisamente porque lo conocen y porque realizan su trabajo como lo marcan los cánones de aquellos que deciden dedicar su vida al periodismo, anteponiendo la ética, la veracidad, la imparcialidad y la responsabilidad social, no cayeron bajo el influjo de un discurso vacío.

Está claro que él es el responsable de promover, a través de páginas a modo, un embate contra una ley que, hoy por lo menos, lo limita para continuar utilizando la noble profesión de la comunicación para golpear políticamente a quien considera su adversario.

Seguidor, seguramente, de Maquiavelo, continúa pensando que el fin justifica los medios, y no hay nada más falso que eso. Hoy, México, como nunca, requiere conservar los valores y principios para fortalecer nuestra muy lastimada sociedad. 

La responsabilidad de quien gobierna es y seguirá siendo histórica, y la oportunidad de negar estos principios a la sociedad se desvanece para aquellos que buscan el poder por el poder. 

La ley, la norma jurídica, marca procedimientos establecidos que permiten que la convivencia social se presente en un marco de igualdad; pero para algunos es tanta la ambición y desesperación que no tienen empacho en transgredir cualquier principio de respeto humano, con tal de lograr sus pretensiones. 

Los cargos públicos son transitorios y circunstanciales, responden a un tiempo y a un momento. La vida política es una carrera de resistencia, y esta solo se resiste cuando se antepone, ante cualquier interés, la ideología y los principios; esa es la mejor forma de defender cualquier causa. Hoy somos muchos los que seguimos pensando en retomar para nuestra cotidianidad el honor y la decencia, para garantizar a San Luis Potosí una mejor condición de vida para sus ciudadanos. 

Valdría la pena que el alcalde deje de distraerse en arengas que solo desgastan su imagen y se dedique a disfrutar del tiempo que aún le queda como gobernante en funciones. San Luis merece, de forma urgente, una respuesta efectiva a las necesidades que tiene una capital que crece día a día. Ojalá deje de invertir recursos de toda índole en pleitos estériles.