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Pepe Alemán
Holoverso

La disputa guinda por la capital

El próximo 21 de septiembre según lo establecido por el Consejo Nacional de Morena y su Comisión Nacional de Elecciones se definirán las coordinaciones municipales de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en los 17 estados donde habrá comicios el año que entra y, en la capital de San Luis Potosí, se perfilan como los más competitivos tres liderazgos de quienes habrá de resultar la candidatura a la Presidencia Municipal de la capital del estado: Los diputados locales Cuauhtli Fernando Badillo Moreno y Luis Emilio Rosas Montiel, así como el diputado federal Gabino Morales Mendoza.

En el caso del primero, vecino de la Ricardo B. Anaya, a pesar de su juventud, entre sus principales activos está su experiencia, pues ha sido diputado federal y dos veces local, lo que le ha permitido ser presidente de la Directiva en el primer año de la actual Legislatura y, sin ser coordinador de la bancada, ocupar un liderazgo entre sus compañeras y compañeros y con las otras fuerzas políticas. Es bien visto por el Comité Ejecutivo Nacional gracias a sus relaciones estrechas con el anterior presidente y actual titular de la SEP, Mario Delgado Carillo y con el senador Gerardo Fernández Noroña. Hacia afuera del Congreso, en el terreno doméstico, Cuauhtli Badillo ha sabido cimentar una relación importante con el PVEM, fuerza electoral dominante en el estado, lo cual fortalece que en una eventual coalición en la capital, el Verde podría prestarle su maquinaria electoral para un eventual triunfo electoral.

Sin embargo, esta relación institucional con el poder estatal le representa negativos, pues “los duros” de Morena la ven como una sumisión al poder estatal y al gobernador José Ricardo Gallardo Cardona, lo que la traído “fuego amigo”, como una campaña en su contra acusado de promoción personalizada por distribuir calendarios del Mundial de Futbol, por ejemplo.

En el caso del diputado federal, Gabino Morales Mendoza, fundador y presidente estatal de Morena, así como delegado de los programas del Bienestar, ha demostrado marcada habilidad para construir un grupo político propio junto con su amigo Leonel Serrato Sánchez, con el que logrado colocar a sus incondicionales en posiciones partidistas y en el servicio público claves para sus intereses. Pese a que ha enfrentado crisis, incluso personales, su habilidad política le ha permitido replegarse a tiempo para sobrevivir políticamente a las transiciones de dirigencia en el estado.

Gabino carga marcados negativos en su corto perfil fundacional y representante de la dureza partidista. En 2018 y 2019 recibió amonestación pública, apercibimiento y suspensión temporal de sus derechos partidarios de parte de la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia de Morena por encontrarlo responsable de perpetrar violencia política en razón de género, así como otras violaciones a los principios morenistas. Ha sido criticado por la militancia fundadora y de auténtica izquierda por su alianza con el viejo priismo como la familia Arreola, a quienes no únicamente los sacó del ostracismo político, sino que les entregó abundantes espacios de poder en la estructura morenista, en el Congreso del Estado y en la Delegación del Bienestar, desde donde empleados yh empleadas denunciaron durante su gestión abusos y trato despótico.

Es visto como uno de los principales responsables de la fractura histórica de Morena en San Luis Potosí. Justo antes del inicio del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, protagonizó enconados pleitos con los liderazgos fundadores que encabezaban Sergio Serrano Soriano y la familia Veloz, a quienes intentó marginar por completo. Esta confrontación sepultó la unidad del partido desde sus inicios. Su inestabilidad política y emocional quedó de manifiesto cuando, junto con su amigo Leonel Serrato, luego de establecer acuerdos con Ricardo Gallardo Cardona finalmente su estilo conflictivo detonó una ruptura total al inicio del sexenio, convirtiéndolo hoy en opositor de la misma fórmula a la que ayudó a llegar al poder.

Del diputado local Luis Emilio Rosas Montiel se reconocen su institucionalidad y disciplina partidista, como cuando acudió a “pedir permiso” a la dirigente estatal, Rita Ozalia Rodríguez Velázquez, para buscar la candidatura. También pese a su corta edad, tiene en su haber vínculos importantes con el sector empresarial, de lo que tanto adolece Morena. Ha sabido aislarse de los conflictos internos en la bancada de Morena, no participa en actos “caníbales” propios de las tribus guindas ni arrastra pasivos de peleas del pasado. Es un voto confiable y sin estridencias en el Grupo Parlamentario.

Sin embargo, sobre los hombros de Luis Emilio Rosas pesa desde su inclusión en la lista de plurinominales el estigma del "Juniorismo", pues es considerado heredero de un grupo o dinastía del priísmo tradicional en decadencia y franca desaparición, siendo hijo de Salomón Rosas quien es un histórico político del priísmo. Carece por completo de antecedentes, trayectoria o trabajo en la lucha social o en la política de izquierda tradicional hasta esta legislatura, habiendo recibido el espacio por un acuerdo directo desde la cúpula partidista con el jefe del grupo político al que pertenece, el del actual secretario de Economía del Gobierno de México, Marcelo Ebrard Casaubón. El centrar su perfil de manera tan marcada en el ámbito empresarial y del emprendimiento genera recelo entre las bases duras del partido, quienes interpretan sus prioridades como una agenda ajena a los principios históricos de justicia social y combate al neoliberalismo que abandona el obradorismo.

 Al ser un perfil netamente técnico-empresarial y un actor externo que se mantiene al margen de la dinámica orgánica de los grupos, carece del colmillo político y el control de bases necesarios para operar o desactivar las crisis internas del partido cuando la confrontación entre facciones sube de tono en el estado.