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Kenia Hernández
Inquietudes Contemporáneas

Guarderías para dinosaurios

Lidiar con los berrinches de los adultos es la habilidad que nadie te contó que necesitabas para sobrevivir en tu vida profesional. Aunque esto lo hubiera comprendido desde la etapa académica, igual sería escéptica porque me enseñaron que cuando te sientes en peligro o alguien te molesta, tu mejor opción es acercarte a un adulto. ¿Y qué pasa cuando es un adulto el que te agrede? ¿En tu entorno laboral están emocionalmente preparados para mediar con el conflicto o simplemente, el ambiente se convierte en una guardería para dinosaurios?

La violencia laboral puede clasificarse en diferentes tipos, para el doctor en psicología pedagógica, Heinz Leymann, existe una forma de acoso que tiene como fin excluir a la víctima a través de la difamación y el aislamiento de sus redes de comunicación, lo que ocasiona un daño psicológico extremo. A esta conducta la llamó mobbing.

Aunque el conflicto es un síntoma natural de la convivencia social, desafortunadamente, entre compañeros de oficio la competencia insana afecta el clima y la rutina. Aún más cuando un problema pequeño desencadena una trifulca o un linchamiento en masa por la falta de contención y poca capacidad resolutiva entre los involucrados.

En San Luis Potosí, se estima que 25.4 de cada 100 mil mujeres de 15 años y más que trabajan, han sufrido actos de hostigamiento en el trabajo. Y según el INEGI, esta estadística casi alcanza la tasa nacional que la rebasa apenas con 2.5 puntos, mientras que el 44.4% de las incidencias reportadas son producto de algún tipo de violencia psicológica.

En la escuela nos preparan para pulir nuestras mejores habilidades, te enseñan a ser competitivo y además te afianzan la idea de que si te esfuerzas, tu creatividad, tu ingenio y tus ideas serán reconocidas y recompensadas. 

Lo que no te dicen es que harás todo eso, pero al mismo tiempo, tendrás que aprender a regular tus emociones y a veces no solo las tuyas, sino también las de quienes te rodean para no caer en provocaciones.

Siendo adultos hay muchas cosas que procuramos, desde optimizar tiempos hasta escalar en el mundo corporativo para alcanzar la plenitud económica, pero pocas veces nos ocupamos en desarrollar nuestra inteligencia emocional y por eso vemos enfrentamientos directos entre compañeros con gran diferencia de edad. 

No es normal que, con 20 años, un pupilo reciba mensajes agresivos de otros colaboradores más antiguos: en edad, experiencia y contactos. El tan mal llamado: “para que la compañerita agarre cayo”, en realidad es una venganza firmada a título personal disfrazada de medida disciplinar. 

Y la realidad es que no existen protocolos que te protejan de la violencia laboral. Es como en la secundaria, cuando un conflicto surge, si las autoridades no intervienen a tiempo, los involucrados no dialogan y el ambiente se vuelve hostil. 

La diferencia es que, allá afuera en la calle o adentro de una oficina, no encontraremos una decena de adolescentes en plena flor de sus emociones que mañana podrán aprender de sus errores. No, muchas veces encontraremos hombres y mujeres con lóbulos frontales formados cuyo actuar antisocial podría afectar para siempre tu desempeño y tu trayectoria.

No pedimos una amistad, queremos trabajar.

Si me lo preguntan: ¿Entonces qué debo hacer? Quisiera responderte con una fórmula mágica pero no la hay. La pasividad y la complacencia extrema no son soluciones prácticas a largo plazo, pero un buen primer paso es la depuración, desde la autoconsciencia y la responsabilidad. ¿Qué está en mi poder para trabajar en mí y qué otras conductas no puedo controlar de los demás?

Con la cabeza fría este examen te traerá mucha más paz, aunque en el exterior todos estén gritando. Dirigirte con cordialidad y tomar decisiones inteligentes es parte de ser adulto y alguien debe de tomar esa posición, aunque no siempre es la persona más mayor del grupo.