Por Redacción Contra Réplica

Confirman el primer fósil de dinosaurio hallado en la Antártida tras 40 años de investigación

Un análisis científico reveló que una vértebra descubierta en 1985 pertenece a un titanosaurio que habitó el continente hace aproximadamente 82 millones de años.

Un fósil recuperado hace cuatro décadas en la Antártida fue identificado oficialmente como el primer hueso de dinosaurio descubierto en ese continente, luego de que un nuevo estudio confirmara que pertenece a un titanosaurio, uno de los gigantes herbívoros que dominaron la Tierra durante el período Cretácico. El hallazgo representa un avance significativo para el conocimiento de la fauna prehistórica que habitó la región cuando su clima era muy distinto al actual.

La pieza corresponde a una vértebra de la cola que fue desenterrada en 1985 durante una expedición científica. En aquel momento, los especialistas la clasificaron como parte de un antiguo reptil marino, por lo que permaneció almacenada durante años hasta que nuevas técnicas de análisis permitieron reevaluar sus características anatómicas.

La investigación, encabezada por los paleontólogos Mark Evans y Paul Barrett y publicada en la revista científica Acta Palaeontologica Polonica, determinó que el fósil perteneció a un titanosaurio que vivió hace unos 82 millones de años. Durante esa época, la Antártida formaba parte del supercontinente Gondwana y presentaba un ambiente templado, con extensos bosques capaces de albergar una gran diversidad de especies terrestres.

Especialistas consideran que la confirmación fortalece la evidencia sobre la distribución de los dinosaurios en el hemisferio sur y abre nuevas posibilidades para futuras investigaciones en una de las regiones menos exploradas del planeta. Además, subrayan que el descubrimiento demuestra el valor de revisar colecciones paleontológicas con herramientas científicas modernas, ya que materiales resguardados durante décadas pueden ofrecer información clave para reconstruir la historia de la vida en la Tierra.

El hallazgo también pone de relieve el potencial científico de la Antártida, donde las condiciones climáticas extremas continúan representando uno de los mayores desafíos para las expediciones paleontológicas internacionales.