La NASA puso en marcha una misión espacial sin precedentes para intentar salvar al telescopio Swift, un observatorio clave en el estudio de fenómenos astronómicos extremos como los estallidos de rayos gamma. La nave robótica Link fue lanzada con la misión de interceptar el satélite, acoplarse de manera autónoma y elevar su órbita antes de que su trayectoria lo lleve a una reentrada no controlada a la Tierra.
El lanzamiento se realizó desde el océano Pacífico Sur, específicamente desde el atolón Kwajalein en las Islas Marshall. La operación fue ejecutada mediante un cohete Pegasus XL de la empresa Northrop Grumman, desplegado previamente desde la aeronave Stargazer a más de 12 mil metros de altitud, en una maniobra diseñada para optimizar la inserción orbital de la misión.
De acuerdo con la NASA, Link, desarrollada por la empresa Katalyst Space, representa un avance tecnológico significativo al buscar realizar el primer acoplamiento autónomo entre una nave comercial y un satélite gubernamental que no fue diseñado para mantenimiento en el espacio. El proceso contempla la captura, sujeción y elevación del telescopio en una sola operación automatizada.
Actualmente, el equipo técnico trabaja en la verificación de los sistemas de la nave, incluyendo la confirmación del despliegue de paneles solares y la estabilización de sus sistemas de energía y comunicación. Esta fase es clave antes de iniciar la aproximación controlada al telescopio Swift.
El observatorio, lanzado en 2004 y valuado en aproximadamente 500 millones de dólares, ha perdido altitud de forma gradual debido al arrastre atmosférico, al no contar con sistema de propulsión. Su órbita ha descendido de unos 600 a cerca de 400 kilómetros, lo que incrementa el riesgo de reentrada y pérdida de una de las misiones científicas más importantes de las últimas dos décadas.