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Pablo de la Rosa
Opinión

Colapso del IMSS, por dentro y por fuera

El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) atraviesa una crisis que, para millones de derechohabientes, es evidente todos los días. La falta de medicamentos e insumos, el déficit de médicos especialistas, hospitales saturados, largas filas de espera, equipos insuficientes y una burocracia que retrasa la atención forman parte de una problemática que se ha extendido por gran parte del país.

Mientras las autoridades continúan asegurando que el sistema de salud se fortalece, la realidad que enfrentan pacientes y familiares es muy distinta. Son ellos quienes padecen las consecuencias de un servicio que, en muchos casos, resulta lento, insuficiente y carente de la calidad que merece la población.

No se puede responsabilizar de manera general al personal médico, ya que existen profesionales que desempeñan su labor con compromiso y vocación pese a las carencias del sistema. Sin embargo, también hay casos de indiferencia, falta de sensibilidad y deficiencias administrativas que agravan la situación y generan un profundo descontento entre los usuarios.

Cada día, miles de personas esperan durante horas o incluso días para recibir una consulta, un estudio o una cirugía. En muchos casos, esa demora puede representar la diferencia entre preservar la salud o enfrentar complicaciones graves.

El IMSS requiere mucho más que discursos optimistas. La ciudadanía demanda resultados concretos: hospitales equipados, abasto suficiente de medicamentos, personal capacitado y una atención médica digna, eficiente y humana. Solo así podrá recuperarse la confianza de millones de mexicanos que dependen de esta institución para cuidar lo más valioso: su salud y su vida.