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Paola de la Rosa
Dato y Relato

La salud mental importa y hablar de ella también

Hay personas que llegan todos los días al trabajo, saludan, responden mensajes, cumplen pendientes y sonríen cuando alguien las mira. Desde afuera parecen estar bien. Pero por dentro están cansadas, no de una jornada larga, sino de sostener una batalla que nadie alcanza a ver.

La salud mental sigue siendo uno de esos temas de los que hablamos cada vez más, pero que todavía nos cuesta comprender cuando toca a nuestra familia, amigos, compañeros de trabajo o incluso a nosotros mismos.

Seguimos creyendo que estar bien significa levantarse de la cama, cumplir responsabilidades y no llorar frente a los demás. Y no siempre es así.

Hay quien llega puntual al trabajo mientras siente que todo se derrumba por dentro. Quien hace reír a todos y después pasa la noche preguntándose por qué se siente vacío. Madres y padres que sostienen una familia mientras enfrentan ansiedad, jóvenes abrumados por las expectativas y adultos mayores que viven una soledad que pocas veces alguien pregunta cuánto pesa.

El dolor emocional muchas veces no hace ruido. No deja una herida visible ni aparece en una radiografía. Por eso resulta tan fácil minimizarlo con frases como “échale ganas”, “todo está en tu cabeza” o “hay gente que está peor”.

Pero no todo se resuelve con voluntad.

Así como acudimos al médico cuando algo duele en el cuerpo, también debería parecernos natural buscar ayuda cuando la tristeza, el miedo, la ansiedad o el agotamiento comienzan a rebasarnos.

Pedir ayuda no debería provocar vergüenza. Tampoco acudir a terapia, recibir tratamiento o reconocer simplemente: “Hoy no puedo con todo”.

Vivimos en una época que exige producir, contestar rápido, cumplir metas, vernos bien y además aparentar felicidad. Las redes sociales muestran vidas editadas donde parece que todos avanzan, mientras alguien del otro lado de la pantalla se pregunta por qué no puede sentirse igual.

Tal vez necesitamos recuperar algo profundamente humano: aprender a mirar.

Preguntar “¿cómo estás?” y realmente escuchar la respuesta. Notar cuando alguien comienza a aislarse, pierde interés en lo que antes disfrutaba o cuando el cansancio deja de ser físico y se convierte en una ausencia permanente de ganas.

Acompañar, sin embargo, no significa sustituir a un especialista. A veces el mayor acto de cariño consiste en escuchar sin juzgar y ayudar a buscar atención profesional.

También debemos comprender que la salud mental no puede ser un privilegio. Necesitamos servicios accesibles, atención en escuelas, centros de trabajo y comunidades, además de políticas públicas que reconozcan su importancia.

Nunca sabemos completamente qué carga la persona que tenemos enfrente.

Por eso debemos tratarnos con más paciencia y empatía.

Cuidar nuestra mente no significa abandonar nuestras responsabilidades.

Significa aprender a vivir sin abandonarnos a nosotros mismos.