Colombia rompió formalmente sus relaciones diplomáticas con Irán, una medida que entró en vigor el pasado 19 de septiembre y que fue confirmada esta semana por la Cancillería. El gobierno de Abelardo de la Espriella justificó la decisión con base en su política de seguridad nacional y hemisférica.
Bogotá señaló entre los motivos los presuntos vínculos del gobierno iraní con grupos terroristas y narcoterroristas, además de cuestionar violaciones de derechos humanos, ataques contra países ajenos al conflicto de Medio Oriente y el bloqueo del estrecho de Ormuz. La Cancillería también mencionó obstáculos a las labores de verificación del programa nuclear iraní por parte del Organismo Internacional de Energía Atómica.
La decisión no supone el fin de los vínculos consulares entre ambos países. Colombia mantendrá este tipo de relaciones con Irán, de acuerdo con las disposiciones contempladas en las convenciones de Viena sobre relaciones diplomáticas y consulares.
En paralelo, el gobierno colombiano declaró como grupo terrorista al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, fuerza vinculada al aparato militar e ideológico iraní. Bogotá argumentó que la organización reprime a la población dentro de Irán y realiza operaciones fuera de sus fronteras.
La ruptura ocurre en medio de un cambio en la política exterior colombiana, con un mayor acercamiento a Estados Unidos y un nuevo posicionamiento frente al conflicto en Medio Oriente.