titulo_columna
Pablo de la Rosa
Opinión

El caminar por devoción a San Francisco de Asís

El caminar por devoción a San Francisco de Asís no es solamente un recorrido; es una expresión profunda de fe que cada año une a Charcas con Real de Catorce. Cada septiembre, los peregrinos vuelven a demostrar que la devoción no siempre necesita palabras; a veces basta con caminar.
 
Cae la noche, el aire del Altiplano se vuelve frío y, cuando apenas comienzan a aparecer los primeros rayos del sol, hombres, mujeres, jóvenes y adultos emprenden una travesía de 80 kilómetros con un solo destino: llegar hasta San Francisco de Asís.
 
No importa el cansancio. Tampoco las piernas adoloridas, las ampollas, el sol intenso o las madrugadas heladas. Cada paso lleva consigo una promesa, una petición, un agradecimiento o quizá una historia que solo conoce quien camina.
 
En medio del semidesierto potosino, el silencio de los cerros se rompe con el sonido de los pasos, las conversaciones, las oraciones y las voces de quienes animan a continuar.
 
A lo largo del camino aparecen manos que ofrecen agua, refrescos, alimentos, dulces o simplemente una palabra de aliento. Son familias de Charcas, Real de Catorce y comunidades cercanas que cada año esperan a los peregrinos como si fueran parte de una misma familia.
 
Las Antenas, Berrendo, Ranchito de Coronados, El Cristo, Mastranto y Santa Cruz de Carretas se convierten en estaciones de descanso, pero también en puntos donde se renueva la fuerza para seguir.
 
Cada kilómetro pesa un poco más, y entonces llega la Cuesta de los Arrepentidos. Son los últimos ocho kilómetros, quizá los más difíciles. El cuerpo ya está agotado, pero algo empuja hacia adelante. Algunos avanzan lentamente, otros en silencio, otros rezando. Nadie quiere detenerse cuando falta tan poco.
 
Es de madrugada cuando, a lo lejos, comienzan a distinguirse las primeras luces de Real de Catorce. Ahí ocurre algo difícil de explicar. El dolor de los pies parece hacerse pequeño. El cansancio se transforma en emoción. Algunos lloran, otros se abrazan, otros simplemente miran hacia adelante sabiendo que, una vez más, cumplieron.
 
Porque llegar hasta Panchito no significa solamente terminar un recorrido. Significa cerrar una promesa. Cada año, Charcas y Real de Catorce vuelven a encontrarse por el mismo camino. Dos pueblos unidos por una devoción que atraviesa cerros, generaciones y recuerdos.
 
Y mientras exista alguien dispuesto a caminar esos 80 kilómetros por fe, San Francisco de Asís seguirá siendo mucho más que una imagen. Será el punto donde terminan los caminos y comienzan los agradecimientos.