Después de 35 años de trabajo científico en San Luis Potosí, el académico de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP), Miguel Ángel Vidal Borbolla, fue distinguido como Investigador Nacional Emérito del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII), uno de los reconocimientos más relevantes dentro del sistema científico mexicano.
La distinción corona una trayectoria vinculada no sólo con la investigación, sino también con la formación de nuevas generaciones. Durante su paso por la UASLP, Vidal Borbolla participó en la creación del Instituto de Investigación en Comunicación Óptica (IICO) y de distintos programas de posgrado que contribuyeron a ampliar la formación especializada en ingeniería y ciencias aplicadas.
Entre los proyectos académicos impulsados por el investigador se encuentran la Maestría y el Doctorado en Ingeniería Eléctrica, creados en 1994, así como el Posgrado en Ciencias Aplicadas, establecido en 1997. Actualmente dirige la Coordinación para la Innovación y Aplicación de la Ciencia y la Tecnología (CIACYT).
Formado como físico en la Escuela Superior de Física y Matemáticas del Instituto Politécnico Nacional y posteriormente como doctor en Ingeniería Eléctrica por el Cinvestav, Vidal Borbolla encontró en San Luis Potosí un espacio para desarrollar una carrera científica de largo plazo fuera de la capital del país.
El investigador considera que su trayectoria también muestra que la ciencia de alto nivel puede desarrollarse desde las universidades estatales, una posibilidad que, desde su perspectiva, debe mantenerse abierta para los jóvenes que buscan dedicarse a la investigación.
Su preocupación ahora se concentra en otro desafío: generar oportunidades profesionales para quienes se forman en áreas científicas y tecnológicas. Ante el avance de herramientas como la inteligencia artificial, sostiene que México necesitará no sólo producir conocimiento, sino contar con las condiciones para aprovecharlo y retener a los especialistas que lo generan.
Para Vidal Borbolla, el futuro estará cada vez más determinado por la capacidad de las sociedades para generar, aplicar y convertir el conocimiento científico en oportunidades de desarrollo.