Cientos de manifestantes se congregaron frente al Museo Nacional de Colombia para rechazar el retiro de obras relacionadas con la comunidad LGBT, el feminismo y los procesos de paz, ordenado por el gobierno del presidente Abelardo de la Espriella. La decisión abrió un nuevo frente de tensión entre las autoridades y sectores culturales del país.
Las piezas fueron retiradas durante la semana bajo el argumento oficial de que los espacios culturales no deben utilizarse para el adoctrinamiento político. Sin embargo, artistas, docentes y activistas cuestionaron la medida, al considerar que excluye expresiones sociales y episodios relevantes de la historia colombiana.
Paola Castañeda, profesora que participó en la protesta, advirtió que las decisiones gubernamentales podrían modificar la manera en que se representa la memoria colectiva. Otros asistentes defendieron el valor del arte como medio para documentar conflictos, reivindicaciones sociales y experiencias de grupos históricamente marginados.
El presidente, por su parte, ha criticado públicamente lo que denomina cultura “woke” y afirmó que el Estado debe impedir que las instituciones culturales sean utilizadas con fines ideológicos. Sus declaraciones han generado preocupación entre sectores que consideran que estas posturas amenazan la pluralidad de las expresiones artísticas.
Durante la manifestación, policías antidisturbios resguardaron el recinto mientras los asistentes coreaban consignas en defensa de la libertad artística. Trabajadores del museo también señalaron que desde esta semana se restringió la toma de fotografías en el interior.
La protesta ocurre en los primeros meses del gobierno de De la Espriella, quien asumió el poder hace poco más de dos meses y ha sido objeto de críticas por sus posiciones sobre temas sociales y derechos reproductivos.
El conflicto plantea un debate sobre el papel de los museos públicos: si deben limitarse a una narrativa institucional o preservar la diversidad de perspectivas que forman parte de la historia nacional.