OAXACA
Pero Guadalupe no es la única que, en Jalisco, busca a un desaparecido. A primera vista, Rosario Cervantes parece no cargar con misterio alguno. Osvaldo tenía 25 años. Como cualquier día lo podemos imaginar siguiendo la rutina de las jornadas laborales, ésa que tú también sigues antes de hacer lo que sea a lo que te dediques: despertó, se bañó, se puso su uniforme, se colgó el gafete y se dirigió al empleo en el que era analista de inventarios y al cual ese martes, 22 de julio de 2014 nunca llegó. Osvaldo Javier Hernández Cervantes, hijo de Rosario, tenía que pasar por su hija a la guardería, pero no lo hizo: ese martes Osvaldo ya no estaba.
“Es una desesperación, una angustia, una impotencia... te transforma la vida completamente... ya no sientes ni que eres tú, ya no sabes si la que estás viendo al espejo es esa que tú conocías, porque no te reconoces ni en el espejo, porque no atinas ni a llorar, a esperar, a desesperar; dices: ‘¿y qué más puedo hacer?’, porque yo he escuchado en otros casos que, al menos, hubo testigos o alguien vio que se lo llevaron, en mi caso no; yo decía, ‘¿a dónde me muevo si ni siquiera pudo haber tomado el camión porque no llegó a su trabajo?’, y más me desespero porque ¿dónde voy a empezar a buscarlo, porque yo sólo sé que salió de mi casa, pero es todo lo que sé...”.
Así lo vivió Rosario, y así lo viven la mayoría de las mamás, quienes después de la desaparición de sus hijos coinciden en frases como: “Una se muere con ellos”, “Jamás vas a dejar de esperar, de buscar”, “Cuando escuchas un coche, sales corriendo a ver si ya llegó”, “Yo sólo quiero que la gente sepa que existió”.
Y entonces empieza la búsqueda: “cuando te sucede entras en un estado de shock o no sé qué cosa, porque pidieron que pasaran 72 horas para aceptarnos la denuncia, porque dicen: ‘ah, ha de andar por ahí con alguna güerota, ¿no?’, entonces ponen la denuncia y yo pensé que íbamos a ver acciones pronto, que íbamos a saber dónde él estaba o lo íbamos a encontrar, pero ya van seis años y todavía eso no sucede”, dijo Rosario entrevistada en 2020.
COAHUILA
EL PARADIGMÁTICO CASO AYOTZINAPA
El tema de la desaparición forzada de personas no es nuevo en nuestro país. Desde la época de la Guerra Sucia en los años 70 del siglo XX, cuando la Dirección Federal de Seguridad se encargaba de luchar contra la oposición al gobierno, ya existía este método de control social. Sin embargo, su práctica se ha ido transformando, debido a que, a partir de hace un par de décadas, no sólo el poder gubernamental, en cualquier nivel, echa mano de este delito, sino también, grupos de poder fácticos, como el propio narcotráfico.
Este fenómeno sucede en México cuando grupos de particulares que ejecutan el delito de la desaparición forzada pueden llegar a ser encubiertos por ministerios públicos, fiscalías o cualquier otro actor gubernamental. Uno de estos casos, precisamente, ha sido el de los 43 normalistas de Ayotzinapa, quienes fueron víctimas de esta situación el 26 de septiembre de 2014, en Iguala, Guerrero.
El jueves 24 de septiembre 2020, usando cubrebocas y batallando contra la pandemia por covid-19, los familiares de los 43 desaparecidos realizaron, como cada año, manifestaciones y mítines en la Ciudad de México, en busca de justicia, en busca de la respuesta a la pregunta: ¿dónde están sus muchachos? “Ya en unos días van a ser seis años de nuestros hijos, de que no podemos tenerlos a nuestro lado, y nosotros por eso seguimos luchando. Sabemos muy bien que fue el Ejército, las policías estatales, municipales, y por eso nosotros los hacemos responsables de lo que les hayan hecho a nuestros hijos”, dijo entonces doña Macedonia, madre del normalista desaparecido, José Luis Luna, testimonio que también se puede encontrar en el libro.
LAS FALLAS DEL SISTEMA Y EL ANÁLISIS DE ESPECIALISTAS
El 13 de febrero del 2020, Raymundo iba a una reunión con unos amigos: a dos calles de su casa, una camioneta blanca se lo llevó; van más de dos años que no saben nada de él. Lourdes se entera, “parece que ahí en la avenida levantaron a un par de muchachos”. Llamó a su hijo por teléfono: como respuesta sólo el maldito tono que todas las madres escuchan cuando comienzan la búsqueda, ese que termina hasta que la llamada es transferida al buzón porque nadie contesta al otro lado de la línea.
Lourdes vive en Guanajuato, un estado en el que organizaciones como Sembrando Comunidad y A Tu Encuentro, han señalado la colusión del fiscal de la entidad, Carlos Zamarripa Aguirre, con el crimen organizado. Incluso, activistas del estado afirman que, luego de hacer denuncias y dejar sus datos en la Fiscalía o en ministerios públicos guanajuatenses, son inmediatamente amenazados.
En La vida sin nosotros, financiado con fondos del Ministerio para la Cooperación y el Desarrollo Económico de la República Federal de Alemania, se muestra también el análisis de especialistas en el tema de la desaparición forzada de personas.
Una de las voces que explican esto es la de Santiago Corcuera, designado en 2004 miembro de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU como uno de los cinco expertos que integran el Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias, del que fue presidente durante el período 2006-2009; desde entonces, ha desempeñado diversas tareas en dicha organización internacional.
Asimismo, otro de los análisis recuperados en dicho reportaje, es el del periodista José Reveles, autor de al menos una decena de libros sobre política, narcotráfico y crimen organizado en nuestro país, y quien nos ayuda a realizar una radiografía de la desaparición forzada, desde el surgimiento de las guerrillas en México, hasta los tiempos de Felipe Calderón Hinojosa.
UNA PROBLEMÁTICA INTERNACIONAL
En La vida sin nosotros. La desaparición de personas en México, Chile, Argentina y el Kurdistán; voces de víctimas y especialistas, se realiza un recorrido histórico no sólo por México, si no también por países de América Latina que fueron víctimas de este delito en épocas de dictaduras militares.
Las madres y abuelas de Plaza de Mayo en Argentina, así como los movimientos de familiares de búsquedas en Chile, son un ejemplo de luchas como la que emprendió en México el Comité ¡Eureka!, fundado por Rosario Ibarra de Piedra, cuando desapareció su hijo Jesús Piedra Ibarra.
En tanto, se recupera también la búsqueda de Madres por la Paz, un grupo de mujeres de Turquía y el Kurdistán que aprendieron a colaborar, pese a que sus hijos fueron, antes de desaparecer, rivales de guerra en dichas regiones de Medio Oriente.
UNA BÚSQUEDA QUE NO PARA
Integrantes de la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB) ofrecen trabajos de acompañamiento a los familiares de desaparecidos, así como a las comisiones en cada uno de los estados que lo solicitan. No obstante, la queja recurrente es la falta de recursos humanos y materiales para llevar a cabo esta titánica labor.
Por: Excélsior