Todo comenzó el 25 de mayo de 1922 con el asesinato del periodista y director del diario El Heraldo de México, Jesús Z. Moreno, padre de María del Pilar Moreno Díaz, a las puertas del edificio de la Secretaría de Gobernación.
En esos momentos, Jesús Moreno era candidato a diputado por el noveno distrito electoral (Coatepec) de Veracruz. A su vez, Francisco Tejeda, un militar exrevolucionario del bando carrancista, ocupaba un escaño en la Cámara de Diputados y apoyaba la candidatura de Francisco Reyes quien competía por el mismo distrito que Moreno, con el respaldo del gobernador de aquel estado, Adalberto Tejeda, primo de Llorca.
El día de los hechos, Llorca y Reyes se encontraban afuera de la Secretaría de Gobernación, junto con otros dos diputados que buscaban sostener una entrevista con el entonces secretario de Gobernación, Plutarco Elías Calles.
Según la versión documentada por Excélsior, momentos después Moreno llegó al lugar, quien también tenía cita para platicar con Calles.
Este de inmediato se dirigió directamente a Llorca; mediante reclamos e injurias llegaron a los manoteos. Un gran número de curiosos se acercaron de inmediato para presenciar el altercado.
De repente, se escuchó un primer disparo, seguido de dos más. La multitud se dispersó rápidamente. Reclinado sobre una pequeña barda yacía Moreno gravemente herido de bala sostenido por su chofer. Poco después llegó una ambulancia de la Cruz Roja para llevarse al moribundo periodista.
La familia de Moreno llegó de inmediato a las instalaciones médicas. Una de las hijas del periodista, Olivia, al ver el cadáver sufrió una severa crisis y trató de arrojarse del segundo piso del nosocomio, pero un socorrista la detuvo sujetándola de la ropa. Fue puesta en observación.
Visiblemente golpeado y con la ropa rota se presentó Llorca, acompañado de los diputados que presenciaron el suceso, ante la oficina de la policía. Minutos antes de rendir su declaración oficial habló para Excélsior; acusó a Moreno de haberlo atacado reiteradamente en varias publicaciones del periódico que el occiso dirigía. También aseguró haber recibido amenazas en su contra.
Según la versión del diputado, Moreno estaba alcoholizado. Se acercó a agredirlo de manera verbal hasta pasar a los golpes. El periodista desenfundó una pistola tipo revolver, pero Llorca logró contener el forcejeo y desempuñar el arma de su agresor.
Fue entonces que Llorca hizo un disparo al aire para tratar de alejar al director periodístico, quien no cesaba en sus intentos de embestir a su contrincante. Al verse rebasado, el diputado apuntó el arma hacia Moreno e hizo varias detonaciones, hiriéndolo de gravedad. Fueron parte de las palabras mencionadas a este rotativo.
Un policía intentó detener al homicida, pero al saber que era diputado decidió sólo dar parte a sus superiores. Por otro lado, el chofer de Moreno presenció la riña desde su automóvil; al percatarse que Llorca sostenía una pistola decidió correr a detener el conflicto hasta ver a su jefe desvanecerse entre sus brazos.
El secretario de Gobernación, Calles, alertado por su secretaria, observó el incidente desde el balcón de su despacho. Aunque desconocía las razones de la pelea, mencionó las posibilidades de que se tratase de un “asunto de prensa”, al tiempo que lamentó el fallecimiento de Moreno.
Al parecer, una de las causas de las rencillas que existían entre los dos diputados se remitían al periodo carrancista en que Llorca fungía como alto militar, ordenó la aprehensión de la familia de Moreno que, por su parte, apoyaba la causa de Félix Díaz. Los consanguíneos del periodista fueron sometidos a tortura para conocer su paradero: todos callaron.
Los exámenes realizados durante la autopsia resultaron negativos para la presencia de alcohol en el cuerpo del también diputado Moreno, mismo que presentaba solo un disparo fulminante en zonas críticas.
En la Cámara de Diputados se montó una guardia de honor de cuerpo presente con los restos de Moreno.
Posteriormente se trasladaron al panteón del Tepeyac donde fueron depositados.
¡Han asesinado a mi padre villanamente!” Exclamó María del Pilar ante el féretro de su padre y pidió justicia por el cruento asesinato; esa noche juró venganza por la muerte de su progenitor.
LA VENGANZA
Amparado con el fuero del que gozaba por ser diputado y gracias a la influencia de su primo, el gobernador veracruzano, Llorca no fue enjuiciado. Las inconsistencias en las investigaciones propiciaron la impunidad del suceso. Nadie resolvió nada y el caso quedó olvidado.
El ya de por sí trágico incidente en que fuera privado de la vida el periodista y diputado, Jesús Moreno, apenas unos meses atrás, había causado indignación en la opinión pública. El acto de venganza perpetrado por la hija de este conmocionó al país entero.
Tras la muerte de Moreno, su hija María del Pilar de 14 años de edad, se presentó todos los días al panteón a visitar la tumba de su padre. María del Pilar, tomó venganza por su propia mano al asesinar de cuatro arteros balazos a Llorca. Consumado el asesinato la joven mujer declaró apacible haberlo hecho por justicia.
Según los registros periodísticos de Excélsior, la mañana del 10 de julio, Llorca salió de su domicilio ubicado en el número 48 de la segunda calle de Tonalá en la colonia Roma. Al poco tiempo llegaron dos conocidos del diputado con quienes se quedó a platicar. Estaba recargado sobre un árbol mientras conversaba. De pronto, se acercó la joven María del María del Pilar hacia él, completamente vestida de blanco, empuñaba un arma. Sin mediar palabra le soltó un disparo en el estómago. Llorca trató de detenerla, pero un segundo disparo lo hizo retroceder y volver a sos- tenerse en el árbol.