El huevo, cuya historia en México se remonta a más de 500 años, es reconocido no solo por su versatilidad en la cocina, sino también por su alto valor nutricional. Según la revista Medicina y Cultura de la UNAM, las culturas mesoamericanas consumían principalmente alimentos de origen vegetal, complementados con proteínas animales como insectos, venado, conejo y guajolotes, de los cuales ya se aprovechaban sus huevos.
Fue con la llegada de los españoles durante la Conquista que las gallinas, más productivas y fáciles de criar que los guajolotes, fueron introducidas a la región. Esto marcó un punto de inflexión en la alimentación de las comunidades indígenas, que adoptaron la crianza de gallinas como una estrategia de subsistencia, práctica que se ha mantenido hasta nuestros días.
Además de ser un elemento cotidiano en la cocina mexicana, el huevo tiene usos tradicionales en diversas comunidades indígenas. En rituales de sanación, como la “limpia”, se utiliza para eliminar energías negativas. Aunque en ocasiones ha sido vinculado con problemas cardiovasculares debido a su contenido de colesterol, estudios recientes demuestran que su consumo moderado no afecta significativamente los niveles de colesterol en sangre.
Por otro lado, el huevo es rico en nutrientes. La clara contiene proteínas esenciales como la ovoalbúmina y la ovomucina, con propiedades antioxidantes. La yema es fuente de vitaminas A, D, E, B2, B5, B6, B7, B9 y B12, así como minerales como hierro y fósforo.
México es el país líder en consumo de huevo a nivel mundial, con un consumo per cápita de 25.23 kg en 2022, lo que equivale a alrededor de 345 huevos por persona al año. La versatilidad del huevo se refleja en más de 200 platillos, entre ellos los tradicionales huevos divorciados, chilaquiles con huevo y huevos estrellados, parte esencial de la gastronomía nacional.
Con información de López-Dóriga Digital.