Una torre de oficinas de 30 pisos en construcción se derrumbó durante el terremoto de magnitud 7.7 que sacudió el viernes a Tailandia y Myanmar —donde dejó 1,700 muertos—, desatando una crisis en Bangkok con 78 personas aún desaparecidas bajo los escombros y cuestionamientos sobre fallas en regulaciones de construcción.
El gobernador de Bangkok, Chadchart Sittipunt, supervisó este lunes las labores de rescate con maquinaria pesada, mientras enfatizó: "Incluso salvar una vida vale todo el esfuerzo". Sin embargo, la tragedia expuso graves preocupaciones: la torre —parte de un proyecto de la desarrolladora Italian Thai Development— colapsó pese a que el sismo tuvo su epicentro a 1,200 km de distancia, y en una ciudad donde rascacielos resistieron con daños menores.
Acciones en picada: Las acciones de Italian Thai cayeron 27% en bolsa ante sospechas sobre el diseño del edificio, la supervisión del contratista chino Oficina de Auditoría del Estado y el cumplimiento de códigos antisísmicos.
Plazo urgente: El ministro del Interior, Anutin Charnvirakul —vinculado a un gigante constructor— ordenó un informe en 7 días, apuntando a tres responsables potenciales: "diseñadores, inspectores o constructores".
Riesgo geológico: Bangkok, asentada sobre suelo aluvial inestable, sufre hundimientos crónicos. El sismo —pese a su lejanía— generó oscilaciones inusuales en rascacielos y piscinas.
Mientras en Myanmar la cifra de víctimas crece, en Tailandia se reportan 18 muertos, la mayoría en este colapso. El terremoto provocó escenas de pánico: residentes evacuaron masivamente edificios, trenes ligeros se balancearon y caídas de yeso y paneles afectaron estructuras.
"Aprenderemos de esto para mejorar la seguridad", prometió el gobernador Chadchart. Expertos advierten que el caso podría obligar a reformar normas de construcción en una ciudad con miles de rascacielos y riesgos latentes.