En años recientes el concepto de polarización es nuestro pan de cada día, a nivel nacional entre ‘cuatroteistas y fachos; conservadores, fifis, son conceptos que hace siete años apenas empezaban a popularizarse. Los opuestos, los que están ‘del lado correcto de la historia’, los que tienen los valores, son parte de la conversación. En lo local, también tenemos nuestras propias definiciones que segmentan, el colmo que se ha llevado a los rincones en donde la unión era más que elemental para su fortaleza.
Siendo reportera en 2012 me tocó cubrir una de las primeras marchas de la diversidad sexual, el contingente en aquel tiempo aún considerado pequeño, pronunciaba la unión, el respeto, aunque pocos -comparado con lo que años después lograron- veían los unos por los otros, y eso logró que unos años después esta manifestación de amor fuera enorme, más considerando el lugar en que vivimos, una entidad en donde aún salen a orar ante la discusión legislativa para garantizar derechos a grupos minoritarios y en donde se ayuna ante el concierto de un artista que ha comercializado gracias a su postura disruptiva ante una religión.
Este año y hablo como espectadora, como reportera que vio el progreso de una marcha que culminó en plaza de Aranzazu con un performance que causó que más de uno se persignara y que un par de años después la plaza de Los Fundadores les quedara chica ante la convocatoria de ‘amor es amor’, no vi la integración que sí había en años pasados en la marcha de la diversidad sexual.
La expectativa de las rutas, sin duda, fue parte del problema, pero la polarización de grupos políticos gubernamentales fue la cereza del pastel ¿Por qué en un tema sensible tiene que haber apoyos para unos, pero si hay otros involucrados se retira? No, eso no sirvió de nada; el color verde o la ‘amabilidad’ no tenían nada que hacer más que su propio trabajo para el que fueron elegidos, no para ser división en un movimiento que requiere colectividad.
La política de altura no ve diferencias, pero eso se olvidó hace mucho tiempo, ahora estás conmigo o estás contra mí. Es la ruta original o hago mi camino y dejó a merced de filtraciones innecesarias que moneticen bajo otros intereses fuera de los de la comunidad.
Y hablado de polarización, lo que se vivió en la visita presidencial del sábado pasado, nuevamente colores pelearon por ser los predilectos.
Quién gritaba más, quien sobresalía más, hasta un portazo se dio. Efervescencia política dirían algunos, pero en la cabeza hay un solo proyecto ¿o no?