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Ernesto García Hernández
Opinión

El peso de la toga y el día del abogado

Durante la formación profesional de los abogados, es común que se inculquen la tradición y los formalismos, inherentes a la propia formación jurídica. Es innegable que la toga es uno de los elementos más antiguos dentro de la historia del derecho, siendo este un referente casi directo del derecho romano. Tiene un importante significado más allá del status quo que pareciera imponer; tiene una razón de ser antes de que sea sustituida por el traje típico.

Para entender esta prenda, debemos remontarnos a la antigua Roma, donde su origen imponía precisamente una calidad de ciudadano. De distintos colores y formas, la toga fue construyendo una idea de ciudadanía y un referente de aquello que simbolizaba el poder. Es cierto: el derecho simboliza o representa un status quo de las personas. Sin embargo, también debemos entender la toga desde el sentido de las artes escénicas, de la representación, y sobre todo, como un símbolo de imparcialidad.

Al hablar de la toga como una representación teatral, debemos entender que, como en toda representación, hay un personaje y un actor. Aunque en derecho se entiende como “actor” a aquella persona que promueve acciones en favor o en contra de actos, también debemos comprender que, cuando un actor se mimetiza con su personaje, se transforma en otro. Es justamente esta actuación la que le permite interpretar diversos personajes.

Y es que cuando un abogado usa la toga, debe entenderse como el momento cúspide de la vida jurídica. Cuando deja el traje y se pone la toga, debe ser el instante en que interpreta a alguien más: a un ciudadano. Claro está que habrá quien diga que usar una prenda no define quién eres, pero hasta ahora el hecho de no usar toga no ha garantizado la imparcialidad. La verdad es que los abogados deben quitarse los prejuicios desde el momento en que acceden a los espacios de juzgadores. ¿Qué diferencia hace la prenda típica, que incluso no debe usarse siempre, sino en festividades muy específicas?

Habrá quien me diga que juzgar es una festividad, y no tengo duda de ello. Sin embargo, eso no garantiza imparcialidad. Más bien, revela una clara separación entre la imparcialidad y la carga altamente simbólica de una ideología política que permea las decisiones de quienes deben tomarlas. No estoy en contra de un enfoque de justicia social. Sin embargo, parece ser que ahora la justicia depende de quién eres y cómo te vistes, cuando la realidad debería centrarse en por qué se acude al tribunal y qué se busca. La respuesta clara debería ser: justicia.

Este próximo sábado 12 de julio se conmemora un año más del Día Internacional del Abogado, una fecha que quizás pase desapercibida para muchos, pero que, tras esta compleja integración de una elección judicial, la votación de los mismos y, sin duda, la próxima conformación en 2025 del máximo tribunal jurídico del país, plantea varios retos. Se presentan circunstancias en las que quienes aún desean seguir el camino jurídico deben considerar si desean mantener una formación en esta, ahora tan cuestionada y debatida, rama de las ciencias sociales.

Felicidades a los colegas que se han desempeñado como buenos abogados; mucho éxito para quienes están en formación. Y, sobre todo, la invitación es a plantearse mejorar el derecho no desde el ámbito populachero, sino mediante el estudio. Que estas reformas sirvan para corregir el camino, establecer nuevos paradigmas y, sobre todo, reformar las instituciones de nuestro país