La política potosina parece haber activado el cronómetro electoral demasiado pronto. Aún falta tiempo mucho tiempo para la contienda de 2027, pero la semana pasada una serie de destapes, impulsados por el Gobernador del Estado Ricardo Gallardo Cardona, sacudió el escenario electoral local más propio de la recta final de una campaña que de un periodo por comenzar y aunque todo parece precipitado, como si el reloj político corriera más rápido que la realidad, y como si el futuro se pudiera improvisar entre rumores, alianzas y cálculos personales la expectación de los destapes se dio en todos los frentes políticos generando ruido y sobre todo revelo la que podría ser la boleta electoral próxima.
Estamos por cerrar el 2025 sin presupuestos ejercidos, con poca obra pública por la tardía repartición de presupuesto, sin obras emblemáticas que marquen este tramo de gobierno en sus niveles, pero con una sobreoferta de aspirantes intentando posicionarse. Como suele decirse, la prisa es mala consejera. Y en política, la ansiedad por figurar suele desgastar antes de sumar.
Las señales han llegado de todos los rincones: la Huasteca, la capital, los pasillos cercanos a la gubernatura. Morena, PAN, Verde y el congreso del estado todos parecen estar colocando fichas sobre el tablero, buscando aparecer en encuestas que, en realidad, hoy valen más por su eco mediático que por su capacidad de medir realidades. ¿Están listos los aspirantes? ¿O es el simple deseo de no quedar fuera de la conversación? Girando la semana la atención en estos destapes que aún están lejos del poder.
La ciudadanía, aún con el desencanto de la reciente elección judicial, observa el panorama con una mezcla de escepticismo y hartazgo. Todavía no sabemos siquiera cómo se configurará el escenario para 2026 en torno a los movimientos políticos, y ya hay quienes reparten candidaturas como si estuviéramos a semanas del arranque oficial hay que ser cautos por el momento que se vive en torno a la política local. El panorama político vive en un ciclo eterno de campaña, pero este desgaste temprano puede terminar por vaciar de contenido a los propios actores.
Las estructuras partidistas tampoco parecen ofrecer claridad. El PAN, con el respaldo de su dirigencia nacional, intenta proyectar fuerza de cara a los próximos dos años y medio. En sus filas, la senadora panista Verónica Rodríguez Hernández, que ya ha triunfado en tres contiendas internas, se perfila como un bastión sólido, aunque no exento de retos externos e internos como la propia oposición del grupo de Xavier Azuara y su hermano que aunque pequeño representa una oposición.
Morena, por su parte, sigue apostando por figuras que parecen recicladas. La idea de que Rosa Icela Rodríguez encabece el proyecto guinda en el estado suena más a un deseo que a una estrategia sólida que incluso la operación política se da en dos niveles la local y la comandada por “Andy” o Andrés Manuel López Beltrán que ha provocado disgustos entre los propios integrantes del movimiento que aunque en público lo alaban en lo privado cuestionan su doble estructura prestándose a la interpretación de que existe una negociación interna y una externa actualmente el movimiento carece de cuadros frescos, y el propio Carlos Arreola repite los mismos nombres una y otra vez, como si la cantera estuviera agotada y atrás de las bambalinas de congreso hay muchos perfiles de los que ellos llaman de Territorio.
Por su parte el Partido Verde no se queda atrás, mostrando músculo con la renovación de las estructuras y dirigencias en donde se ha comenzado a empujar a figuras poco conocidas como Juan Manuel Navarro quien recientemente figura en las encuestas con lo que se abre la posibilidad a que otros cuadros y perfiles comiencen a perfilarse rumbo al 2027 sin embargo los tiempos aún están lejanos y esa muestra de músculo anticipado podría ser una señal de la nueva operación política para los próximos dos años y a la espera de que los liderazgos vayan de a poco formándose entorno a la renovación local del bastión verde a nivel nacional.
En medio de este ruido, Enrique Galindo Ceballos, alcalde capitalino, ha optado por un perfil más mesurado. Manteniéndose al margen de los destapes y construyendo una imagen nacional desde su gestión local, parece entender que la exposición temprana desgasta más de lo que beneficia.
El problema es que, mientras los partidos adelantan tiempos y los nombres circulan con ligereza, la ciudadanía empieza a desconectarse. Faltan dos años para 2027, pero la efervescencia de los destapes ya ha comenzado. Y como toda efervescencia, amenaza con saturar, confundir y, sobre todo, desgastar a una sociedad que pide resultados concretos antes que campañas eternas.
Ernesto García Hernández
Opinión