titulo_columna
Selen Terán
De San Luis y otros demonios

Contrarreloj en la UASLP 

Fue tan grande el enojo que no se permitió la frase ‘no son las formas’, y cómo una alumna fue violada en la Facultad de Derecho, a este extremo se llegó en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. 

Una comunidad que ha reclamado las omisiones de sus autoridades por décadas. El 20 y 21 de octubre está ya en la memoria de San Luis Potosí. 

La Dirección acéfala en la Facultad de Derecho parece es una de las tantas piezas que se movió el pasado lunes con la revelación por parte de Reforma que una alumna de esta institución había sido violada en las instalaciones; el recalcitrante empeño de políticos de no sacar sus manos de la comunidad universitaria es otra de las partes infinitas de las problemáticas universitarias. 

Para quien escribe son las denuncias de acoso y hostigamiento las que más pesan después de una semana de las manifestaciones, y aclaro, como egresada de Ciencias de la Comunicación viví cambios políticos en las direcciones, a dos décadas, la Facultad ahí sigue, con cambios, retrocesos, aprovechamientos, pero ésta permanece. Como estudiante viví la injerencia de políticos que vivían del brazo universitario, manejaban grupos a su antojo sin importar el futuro de esas generaciones, y éstos los vi en las urnas con triunfos y derrotas, 

Y sí también vi los hostigamientos que ejercen profesores sobre alumnas aprovechándose del poder que creen tener, con una diferencia en el triángulo de problemáticas de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, el acoso y hostigamiento sexual  marca  y truncan proyectos de vida. 

Los universitarios lo lograron, sacudieron conciencias. Tuvieron la posibilidad de hacerse escuchar y así lo hicieron. Al tener rodeado el Edificio Central se escuchó la voz del hartazgo. Ni una más. 

La puerta del Edificio Central ha sido quemada los 8 de Marzo y los 25 de Noviembre, ahora después de estas manifestaciones podría salvar el próximo 25N, día en que se conmemora la erradicación de violencia contra las mujeres, esa que se vive tanto en las aulas y pasillos de la máxima casa de estudios.  

Si los consensos a los que lleguen a lo largo de estos días  son justos a las demandas de los estudiantes podrá tener una oportunidad el edificio, y es hablar en lo superfluo, lo de menos son las paredes, la madera. Es el resurgimiento de la dignidad de las jóvenes que se sintieron solas y ahora tendrán justicia. 

Ya veremos que sigue en la historia de la Universidad. Que la escriban los universitarios, no los maestros, ni directivos, ya basta de las rancias políticas.