titulo_columna
Ramsés Villalpando
La gran ruta

Responsabilidad, no culpa

El cargo de responsabilidad más alto que tiene el país lleva consigo, válgame la necesaria redundancia, la responsabilidad de los asuntos públicos. Y, cuando la política se sobrepone al mandato y se reprende al opositor con el condicionamiento del servicio más básico del estado: la seguridad, el costo puede llegar a ser la vida.

Culpa no es la palabra, la sentencia correcta es responsabilidad. ¿Dónde quedó la consigna de Voltaire que reza: “No estoy de acuerdo con lo que dice, pero defenderé con mi vida su derecho a decirlo”? Al parecer estamos en un mundo en el que nadie quiere o le conviene reconocer sus errores y mucho menos aún, ceder. Vivimos en la política del blanco y negro donde el orgullo inflexible domina el discurso político, incluso por encima del valor de la vida.

Hoy, la vida es lo que se juega en el escenario violento en el que vivimos. Claudia Sheinbaum no mató a Carlos Manzo, ¿quién fue? Quien jaló el gatillo y quien pagó por ello, identidad que desconocemos. Pero el hecho de no haber perpetrado el crimen no exime la responsabilidad de un gobierno, en primera instancia, del gobierno de Bedoya y, en segundo término, del gobierno federal. 

Presidenta, como le ha dicho a España, el perdón engrandece a las personas y a los pueblos. Pero para pedir perdón, hay que arrepentirse, y para arrepentirse, reconocer la responsabilidad y, en su caso, el error. 

DEL OTRO LADO

Como decía, la política que vivimos es de blancos y negros. De orgullosos y envidiosos, de bestias y buitres. Un mundo donde no se puede pedir perdón conlleva a uno que no está dispuesto o le conviene perdonar. Un mundo egoísta que solo piensa en su propio beneficio por encima de quien sea. Hoy, no sólo el gobierno exhibió su falta de moral, también los buitres que quieren hacer política con un suceso ruin. 

Utilizar la muerte de un hombre que disentía del régimen como bandera política no solo es ruin, es aberrante. Sí, es necesario reaccionar, exigir justicia, señalar las fallas y negligencia; pero de ahí a proclamarlo como bandera político electoral… qué vergüenza. Como si la oposición no tuviera responsabilidad en la escalada de violencia, como si los empresarios hubieran acudido al llamado de auxilio de un ciudadano que expresó muchas veces su temor a ser ejecutado… ah, eso sí, dinero del sector privado para corromper autoridades, financiar a “sus gallos” y obtener jugosos contratos, para eso sí hay. 

Como decía el maestro: “el que no haya cometido pecado, que lance la primera piedra”.