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Kenia Hernández
Inquietudes Contemporáneas

Más que boletos: el fenomeno BTS y el poder del fandom

El sol se levantaba en el horizonte de una mañana agridulce pero esperanzadora, cuando frente a los ojos de un pueblo cansado, un monarca ejecutaría la sentencia de muerte que pondría fin a la dinastía que los oprimió por tanto tiempo. Un villano estaba por caer y la horda, con lágrimas en los ojos, exigía que se les devolviera lo robado. ¿Parece el climáx de un cuento épico, verdad? Sin embargo, esto no puede ser más realista que la misma exageración de sus palabras y ocurrió en estas dos recientes semanas cuando incluso yo quedé sorprendida por el poder de convocatoria que sostiene una tribu cansada. Permítame contarle sobre cómo uno de los grupos más grandes e irascibles de adolescentes y jóvenes en internet organizaron la rebelión que hizo temblar a un duopolio y a la Profeco en México. Si usted tiene oportunidad, convierta esto en una experiencia inmersiva y escuche este himno: We Are Bulletproof Pt2 - BTS.

Apenas comenzaron los rumores de que BTS anunciaría oficialmente su tour mundial en enero, cuando la histeria colectiva invadió a todos en Latinoamérica. Luego confirmamos lo temido, desde el continente asiático, la banda coreana más famosa del mundo llegaría durante tres fechas a dar su concierto en las tierras oriundas de la tortilla y el mariachi: México. ¿Cuál era el problema? Si bien, los excesivos precios eran ya una posibilidad para ARMY -como así se le llama al fandom de esta agrupación-, ellas mismas admitieron estar dispuestas a todo. Nunca imaginarían entre sus pesadillas, que la batalla campal por sus sueños sería en contra de la corrupción más descarada y lucrativa para el negocio de los revendedores de espectáculos. Quienes ni siquiera les dieron la oportunidad de comprar sus boletos al precio legítimo para este show, una injusticia que fue sin duda perpetuada por el único coronado rey: OCESA, la empresa promotora de conciertos y su boletera Ticketmaster.

Muy a lo Bangtan Style -referencia para decir “fachero” en el K-pop-, antes de que iniciaran las preventas para México, las fans ya tenían en la mira algunos trucos sucios que solía emplear la plataforma ticketera para sacar provecho de las altas demandas, por ejemplo: las tarifas dinámicas, un modelo donde los precios de los boletos aumentan según la disponibilidad mientras estás formado en la fila virtual. Imagínese eso traducido en billetes considerando que las mexicanas son la mayor base de fans en esta parte del mundo según un Censo ARMY de 2024. Así, fue cuando la semana pasada la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) informó en plena mañanera que recibió 4 mil 746 correos electrónicos referentes a BTS en los primeros días después de anunciarse las fechas para su concierto. Las exigencias de las fans eran claras: transparencia y legalidad en el proceso de compra.

Gracias a esto, la Profeco e incluso la mismísima Claudia Sheinbaum han puesto manos a la obra en convertir a los siete cantantes de K-pop en un tema de diplomacia internacional para representar a la voz juvenil -ojalá así de eficiente fuera este modelo para otras peticiones de las juventudes-. En fin, es una obviedad redundante para usted señalarle que claro que el actuar del Gobierno Federal se basa en una métrica simple: BTS y ARMY dan de qué hablar, porque el fandom es masivo, persuasivo e incisivo. Es decir, un fenómeno mediático que genera gran cobertura y conmoción pública por la amplificación de medios de comunicación. Y hay que reconocerlo, existen varias características admirables en ese círculo de chicos y chicas con un gusto en común: su unión y organización al momento de hacer notar sus quejas. 

¿Sabe usted qué otra cosa es aún más masiva en México que una base de fans, pero que le genera muchísima menor ocupación a Palacio Nacional? La cantidad de desgracias que siembran la muerte en este país invadido por el narcotráfico, la inseguridad y la desigualdad social que agravan a la explotación, la violencia, las desapariciones, los homicidios y otros más pecados que no podría terminar de nombrar. Y yo aquí me pregunto: ¿Qué pasa con el pueblo unido? Porque el monarca, es bien sabido que no despierta en las mañanas pensando en justicia; sino es la justicia de los sublevados la que lo sacude fuera de la cama para aterrizarlo en la realidad, que estamos hartos y hartas. Pero para llegar a ese punto, necesitamos unión.

Qué triste es ser testigo de los estragos de este México, un país en crisis donde el complejo de superioridad nos ha hecho sentir desprecio entre compañeros y compañeras de una misma clase social, la baja, la que compartimos con el 61 por ciento de la población. Una guerra de ultraderechistas contra “chairos” que no es sino un síntoma decadente de nuestro clasismo y racismo interiorizados. La poca capacidad de empatizar nos hace sentirnos menos manipulables que los otros, aunque eso nos ha llevado a la ruina. 

Pero una luz al final del túnel nos atrae como polillas y ¿por qué no? Nos da esperanzas -a mí especialmente-. Tal vez lo que pasó con BTS será el meme que pasará a la historia pop como una de las batallas campales más grandes de esta década, sin embargo, fuera del espectáculo, es admirable reconocer que la convicción pura por un sueño hizo temblar a alguien poderoso -incluso se dice que habrá sanciones de hasta 4 millones de pesos por la estafa que fue esa venta de boletos-. Y aunque la tiranía se resiste a morir, los fandoms nos han demostrado lo que un pueblo organizado puede lograr contra la injusticia, las y los mexicanos vivimos sumidos en una extrapolación política donde usamos como carne de cañón la iniquidad para decir “disfrute lo votado”. Mientras tanto, en el poder vemos un régimen con malas prácticas y una oposición demasiado floja para resistírsele. No quiero repetir el cliché de que como mexicanos tenemos la culpa de un sistema quebrado, pero me queda claro que tenemos el poder de ajustar cuentas contra quienes nos flagelan y nos hacen pelear entre nosotros.