Antes que nada, quiero decir que no pienso generalizar, todos los viejos chidos pueden excluirse de este texto. Más bien está dirigido a los viejos “rancios”. (¡No se enojen! Si se informan del sticker no se van a sentir, al contrario, les va a dar mucha risa —consulte a su chavo más cercano—). Tampoco quiero meter a todos los jóvenes en el mismo saco, claramente “en gustos se rompen géneros”. Mamá: aunque te mencione, esto tampoco va para ti. Tú eres una persona que admiro por su sencillez , nunca juzgas y aceptas con cariño a quien conoces. En fin, entro en materia:
Bad Bunny la rompió en el Súper Tazón, acéptenlo. Las cifras de audiencia no me dejan mentir. Toda la prensa habla de lo bien que lo hizo. Ya sería darle muchas vueltas al elogiar su tributo a lo que significa ser latino y americano; por eso dedico mis letras a quienes están enojados, inconformes y de mal humor.
Coincidiré en algo con ustedes. No es el mejor cantante. No es el mejor intérprete. Pero es un fenómeno, porque lo escuchamos millones y nos gusta. Lo disfrutamos en la fiesta, lo cantamos con los amigos. Forma parte de una historia en la que no están involucrados, simple y sencillamente porque no formó parte de su juventud. Ustedes tuvieron a sus ídolos y ¿qué creen? Sus ídolos nos encantan, jamás nos van a escuchar decir algo en contra de generaciones brillantes. Su música siempre nos va a remontar a ustedes.
Sin duda nunca dejaremos de escuchar las joyas que nos han dejado astros como Mercury, Donna Sumer, Presley, EWF, Franky Boy, hasta el mismo Michael Jackson, quien seguirá siendo en el corazón de muchos, quien dio el mejor show de medio tiempo en la historia. No dejaremos de cantar a Juanga, José José, Sandro, Joan Sebastian, Julio Jaramillo, José Alfredo. No dejaremos de bailar con la Dinamita, la Santanera, Willie Colón y Joe Arroyo. Nunca nos escucharán decir algo que atente contra los grandes músicos de su época. Y lo digo claro: jamás obtendrán de nosotros el sacrilegio de desdeñar la música clásica, porque eso sí nos convertiría en unos idiotas.
El problema es que el discurso político que caracteriza a una parte importante de las generaciones mayores (la mayoría conservadores, debo decir, no necesariamente libertarios) no encuentra eco en las nuevas, porque no entienden la “fuckin´ vibra”. Es decir, han negado, en su mente, permitir, autorizar, o dar el más mínimo crédito a los gustos actuales. Viven diciendo que todo lo que se consume actualmente es basura. Creen que somos “La generación idiota”. Pero juzgan con mucho rigor algo de lo que presumen saber, sin haberse dado la oportunidad de conocer.
No han ido a un rave y experimentado la magia de la electrónica, el house y la catarsis masiva que se vive en ellos. No saben de One Piece. Probablemente, si supieran, nos dirían “La peor generación”. Sin tener idea, trataron de “conectarse” con la Generación Z. Mi mamá a todo le dice “Gokún”, y vaya que Dragon Ball marcó mi niñez. No saben las enseñanzas tan bellas que nos dieron Luffy, Kakaroto, Harry Potter, Gandalf, Seiya, Peter Paker, Ash Ketchup, Superman; no saben de los valores que aprendimos de grandes personajes, con los cuales probablemente nunca se podrán identificar. Porque es algo nuestro, algo que nos unió. Algo que formó parte de nuestra historia de vida, de caídas y “levantadas”. Porque esta música, estas historias, representan una parte muy profunda de nuestro trayecto por la vida. Somos la generación que se dio cuenta que podías hacer de tus mejores amigos tu familia.
Porque crecimos en la Revolución Tecnológica, de la Comunicación, nos híper conectamos como nunca en la historia de la humanidad. Sí, este fenómeno forma parte de nuestras vidas y nos ha permitido ser testigos de cómo es que opera este mundo, de forma transparente, más a detalle y en tiempo real.
Y miren que nos han decepcionado mucho. Ustedes gobiernan, ustedes tienen (o tuvieron) el poder en el mundo y son responsables de la calamidad en que vivimos. Nos entregan resultados vergonzosos, pero no paran de juzgarnos sin permitirse conocer qué es lo que tenemos que ofrecer. Y así se atreven a descalificarnos porque nos gusta el reguetón. Ya de mínimo, respetarnos, porque si van a empezar a insultar lo único que podríamos contestar es “¡ya siéntese señora!” o un elegante “¡cállese viejo rancio!”.
Conózcannos antes de juzgarnos. No tengan miedo a acercarse, no mordemos. Sólo que somos irreverentes e irrespetuosos (porque no se puede respetar a alguien que, de inicio, te insulta). Así que si nos vamos a llevar, aguántense.
Por esta última reflexión, les doy una en donde tienen razón. Hay que ser mucho más exigentes con lo que consumimos. Pero defendamos la buena música escuchándola y compartiéndola, dándole difusión. Apoyen y asistan a proyectos culturales (como como el mío), no los dejen morir solos, ¡impúlsenlos! Pero háganlo de forma positiva, respetuosa, no tildando al interlocutor de idiota, por escuchar algo que no te gusta. Eso se respeta, que no les guste. Pero no les da derecho a insultar a la banda. Bájenle dos rayitas, si es que no quieren sucumbir en la obsolescencia y el olvido.
ACLARO: Esta carta no es para alguien en especial, es para quien le quede el saco.