A minutos de lanzarse a la pista en los Juegos Olímpicos de Invierno Milán-Cortina 2026, el ucraniano Vladyslav Heraskevych quedó fuera de la competencia. La razón no fue una lesión ni un problema técnico, sino su negativa a retirar un casco con el que rendía tributo a más de veinte atletas y entrenadores de su país muertos a causa de la guerra con Rusia.
Durante varios días, el deportista sostuvo conversaciones con el Comité Olímpico Internacional. El organismo le permitió portar el casco en los entrenamientos, pero le exigió sustituirlo para la prueba oficial al considerar que violaba la norma que prohíbe manifestaciones políticas en el terreno de competencia. El momento decisivo llegó instantes antes de la salida, cuando el atleta mantuvo su postura.
Heraskevych planteó opciones intermedias: utilizar un brazalete negro o exhibir el casco fuera de la pista. Ninguna propuesta prosperó. La presidenta del COI, Kirsty Coventry, intervino personalmente en la búsqueda de un acuerdo, pero no hubo consenso y la consecuencia fue la descalificación inmediata del piloto de skeleton.
Aunque quedó fuera de la prueba, el ucraniano conserva su acreditación para permanecer en la justa invernal y su caso podría escalar hasta el Tribunal de Arbitraje Deportivo. En su país, la decisión generó críticas al organismo olímpico y muestras de respaldo hacia el atleta, cuya acción abrió nuevamente el debate sobre los límites entre neutralidad deportiva y memoria en tiempos de guerra.