Al menos 30 personas murieron y decenas más resultaron heridas tras una serie de bombardeos lanzados por el Ejército de Israel contra distintos puntos de Líbano, en una ofensiva que volvió a estremecer barrios residenciales y comunidades del sur del país. Autoridades sanitarias confirmaron que varias de las víctimas eran civiles y que los hospitales trabajan al límite de su capacidad.
Las explosiones alcanzaron zonas densamente pobladas, donde viviendas y comercios quedaron dañados. En las horas posteriores a los ataques, familias enteras abandonaron sus hogares ante el temor de nuevos bombardeos, mientras equipos de rescate buscaban sobrevivientes entre escombros y estructuras colapsadas. El saldo preliminar incluye también decenas de heridos con lesiones graves.
El episodio se inserta en una escalada regional que ha reavivado el riesgo de un conflicto de mayor alcance. En el sur libanés, área históricamente marcada por tensiones, la población vive con la incertidumbre de no saber si la violencia se intensificará en los próximos días. La actividad económica se ha ralentizado y escuelas suspendieron clases en algunas localidades cercanas a los puntos atacados.
Más allá de las cifras, el impacto inmediato recae en la vida cotidiana. El temor a una crisis humanitaria crece a medida que aumentan los desplazamientos y se debilitan los servicios básicos. En medio del duelo y la destrucción, organizaciones civiles y actores internacionales llaman a contener la escalada y proteger a la población, consciente de que cada jornada de fuego prolonga una herida que la región no termina de cerrar.