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Ernesto García Hernández
Opinión

¿Te imaginas la noche de la elección sin PREP?


Tenia a bien decir el cronista deportivo mexicano Fernando Marcos,
que “El último minuto también tiene 60 segundos”, una máxima que salto del deporte hacia la política y es que hasta que no se cierren las urnas, se publiquen los resultados oficiales o concluya una votación, el resultado puede cambiar, y ese es un temor fundamentado de aquellos que nos dedicamos a la política y comenzamos a observar como el PREP avanza según la elección de nuestro interés y cada 6 años la noche de la jornada electoral hay un momento cargado de tensión colectiva donde esta frase vale mas para quien no es el puntero que para quien ya se siente en la silla.



Y es que la fatídica noche y madrugada de la elección después de las 6 de la tarde las casillas ya cerraron y comienzan a llegar los primeros paquetes electorales y millones de ciudadanos esperan saber quién ganó. En ese contexto nació el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP), un sistema que durante décadas ha servido como una ventana temprana hacia los resultados de una elección. Sin embargo, a partir de la discusión de la reforma electoral propuesta por la presidenta Claudia Sheinbaum, volvió a abrirse un debate que parecía superado: ¿realmente es indispensable el PREP o el sistema electoral mexicano podría prescindir de él?.

Para entender esta discusión es necesario mirar hacia atrás. La historia de los resultados preliminares en México no comenzó con el PREP, sino con un sistema previo que reflejaba las limitaciones tecnológicas de su tiempo, la elección de 1988 dejo heridas fuertes que al día de hoy no nos permiten dejar todo a la autoridad electoral y es que en 1991, por primera vez en la historia electoral del país, el entonces Instituto Federal Electoral implementó un mecanismo para difundir resultados preliminares conocido como Sistema de Información de Resultados Electorales Preliminares (SIRE).

Incluso al día de hoy yo mismo me cuestiono su real eficacia por que puede parecer casi artesanal: los resultados de las casillas son leídos en voz alta en el famoso canto de resultados en donde se hace el conteo en los consejos distritales eran transcritos a un formato impreso y enviados por fax a las oficinas centrales del instituto en la Ciudad de México.


En ese centro de recepción se concentraban cien aparatos de fax destinados exclusivamente a recibir la información electoral. Una vez que los documentos llegaban, se verificaban y posteriormente se capturaban en el sistema para su procesamiento. El procedimiento era lento y exigía jornadas de trabajo prácticamente ininterrumpidas, pero representó un primer paso hacia la transparencia electoral. Aun con esas limitaciones, el sistema logró procesar más del 71 por ciento de las casillas en aproximadamente 72 horas.


Tres años después, en 1994, se dio un salto importante con la creación formal del Programa de Resultados Electorales Preliminares. La lógica del PREP era elemental: capturar la mayor cantidad posible de actas de escrutinio conforme estas llegaran a los consejos distritales y difundir la información de manera progresiva. El documento fuente sería la primera copia del acta de escrutinio y cómputo elaborada por los funcionarios de casilla en presencia de los representantes de los partidos políticos. Esa copia se separaba y se colocaba en un sobre específico que era trasladado al consejo distrital correspondiente para su captura.


El sistema operaba a través de una red de Centros de Acopio y Transmisión de Datos instalados en cada uno de los 300 distritos electorales del país. Desde ahí, la información se transmitía mediante terminales de captura remota utilizando miles de líneas telefónicas. Posteriormente, los datos llegaban al Centro Nacional de Recepción de Resultados Electorales Preliminares, donde eran integrados y difundidos. Aquella primera experiencia logró captar resultados de más del 92 por ciento de las casillas, un avance notable frente al sistema anterior.


Con el paso del tiempo, el PREP fue evolucionando tecnológicamente. En 1997, tras analizar fallas y cuellos de botella de los procesos anteriores, se diseñó un sistema más robusto basado en principios de redundancia informática, alta disponibilidad de servidores y estrictas medidas de seguridad para proteger la integridad de los datos. El objetivo era garantizar que la información pudiera fluir constantemente durante la noche electoral sin saturaciones ni interrupciones.


Hoy el PREP funciona como una plataforma digital que permite consultar los resultados preliminares prácticamente en tiempo real a través de internet. Sin embargo, hay un aspecto fundamental que conviene recordar: el PREP no cuenta votos. Su función es únicamente capturar y publicar los datos que ya fueron asentados en las actas de escrutinio y cómputo elaboradas por los ciudadanos que fungieron como funcionarios de casilla.


Esto significa que el sistema tampoco sustituye a los cómputos distritales ni genera resultados definitivos. Los cómputos oficiales comienzan 3 días después de la jornada electoral y son los únicos que tienen efectos jurídicos. El PREP, en cambio, cumple una función informativa: ofrecer una fotografía preliminar del resultado electoral conforme se van capturando las actas.


Entonces surge la pregunta central del debate actual: si el PREP no tiene efectos legales, ¿por qué es tan importante?


Considero que su principal valor radica en la transparencia y la confianza pública, es decir el mexicano es desconfiado por naturaleza siendo necesario para satisfacer su confianza este proceso, al difundir los resultados preliminares con base en actas reales, el sistema permite que partidos políticos, medios de comunicación y ciudadanos puedan contrastar la información con las copias de actas que poseen los representantes partidistas en las casillas. En otras palabras, genera un mecanismo adicional de vigilancia pública sobre los resultados.


Desde esta perspectiva, eliminar el PREP podría significar concentrar toda la información electoral en los consejos distritales durante el proceso de cómputo oficial. Eso no necesariamente implicaría irregularidades, pero sí podría aumentar la percepción de opacidad o de control político sobre los resultados y una desconfianza

Los críticos de su posible desaparición advierten que sin una herramienta de difusión preliminar los ciudadanos tendrían que esperar varios días para conocer con claridad el desenlace de la elección. En ese vacío informativo, cualquier sospecha o especulación podría crecer con rapidez.


No obstante, también existe una postura contraria. Algunos consideran que el PREP representa una duplicidad de funciones, ya que el resultado oficial siempre será el de los cómputos distritales. Desde esa óptica, iniciar directamente el conteo formal tras el cierre de las casillas podría simplificar el proceso electoral y reducir costos operativos.


Al centro de este debate apareció una declaración de la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, quien inicialmente señaló que los cómputos distritales comenzarían al término de la jornada electoral, lo que en la práctica dejaría fuera al PREP. La reacción crítica de distintos sectores fue inmediata. Finalmente, la iniciativa de reforma electoral presentada por el Ejecutivo decidió mantener el sistema, al menos por ahora.


Esta propuesta deja en el aire la pregunta de ¿qué tan necesario es un mecanismo adicional de transparencia en un sistema democrático?


En términos estrictamente administrativos y económicos es posible imaginar elecciones sin PREP. Los votos seguirían contándose y los resultados oficiales seguirían llegando desde los consejos distritales. Pero en términos políticos, la desaparición de un instrumento que durante tres décadas ha contribuido a generar certidumbre podría interpretarse como un retroceso.

En este tan golpeado sistema electoral la confianza en las instituciones no suele ser suficiente para aceptar los resultados oficiales posicionando al PREP, más que una simple herramienta tecnológica, ha sido durante años una pieza clave en la arquitectura de credibilidad de las elecciones mexicanas.