En medio de tensiones políticas que también alcanzan al deporte, la FIFA cerró la puerta a cualquier modificación en la sede de los partidos de Irán para el Mundial de 2026. La solicitud de trasladar sus encuentros a México fue rechazada, dejando intacto el calendario que ya ubica al conjunto asiático en territorio estadounidense.
La petición surgió como una medida preventiva ante preocupaciones de seguridad expresadas por la federación iraní, que incluso exploró alternativas con autoridades mexicanas. Sin embargo, el organismo rector del futbol internacional optó por mantener la planificación original, priorizando la estabilidad operativa del torneo.
Detrás de la decisión pesan factores más amplios que lo deportivo. La logística de un Mundial que involucrará a 48 selecciones ya está en marcha, con boletos vendidos, acuerdos de transmisión firmados y sedes asignadas desde hace tiempo. Alterar ese esquema, sostienen, implicaría un efecto dominó difícil de contener.
Aunque México mostró disposición para recibir algunos encuentros, la última palabra recae en la FIFA, que por ahora no contempla ajustes. Así, el torneo organizado de manera conjunta por Estados Unidos, México y Canadá se mantiene sin cambios, en un escenario donde el futbol vuelve a cruzarse con la geopolítica.