La Selección de Portugal ya pisa territorio mexicano, pero no lo hace donde se jugará el partido. Antes de enfrentar a México, el equipo europeo decidió instalarse en Cancún como parte de una estrategia poco convencional que prioriza la adaptación física antes que la cercanía con la sede del encuentro.
El plan responde a una lógica clara: evitar el impacto inmediato de la altitud de la Ciudad de México. Durante varios días, los jugadores permanecerán en el Caribe realizando entrenamientos ligeros y sesiones de recuperación, con el objetivo de preparar el cuerpo de forma gradual antes de subir a los más de dos mil metros donde se disputará el partido.
El encuentro, programado para el 28 de marzo, no es un amistoso más. Marca la reactivación de un escenario emblemático y forma parte del proceso de preparación rumbo al Mundial de 2026. Para Portugal, representa una prueba exigente tanto por el rival como por las condiciones geográficas, históricamente desafiantes para equipos europeos.
Más allá del balón, la decisión revela cómo el futbol moderno también se juega en la logística. Cancún se convierte así en un punto estratégico dentro de un calendario global, donde cada detalle —clima, altura y recuperación— puede marcar la diferencia en la cancha.