El sarampión ha regresado con fuerza a México y ya no solo preocupa por su propagación, sino por el incremento de muertes asociadas al brote. En lo que va del año, la enfermedad ha dejado decenas de defunciones, lo que confirma un escenario más complejo de lo previsto para el sistema de salud.
El número de contagios también ha escalado de forma significativa, con miles de casos distribuidos en distintas entidades del país. Aunque algunos estados concentran la mayor carga, la presencia del virus se ha extendido a gran parte del territorio, evidenciando la rapidez con la que puede propagarse cuando existen brechas en la cobertura de vacunación.
La población infantil es la más vulnerable frente a este repunte. Niñas y niños en edad temprana encabezan los registros de contagio, mientras que los menores de un año enfrentan mayores riesgos de complicaciones graves. Esta situación ha obligado a intensificar campañas de inmunización, con énfasis en sectores donde la vacunación ha sido insuficiente.
Más allá de las cifras, el brote revela un problema estructural: la disminución en la aplicación de vacunas en años recientes. Hoy, el aumento de casos y fallecimientos no solo refleja el comportamiento del virus, sino también los vacíos en prevención que han permitido su reaparición en el país.