El sistema de salud en México se encamina hacia una transformación de fondo. El gobierno federal anunció el arranque del servicio universal de salud, una estrategia que busca cambiar la lógica de atención médica: pasar de un modelo fragmentado a uno donde cualquier persona pueda ser atendida en cualquier institución pública.
La propuesta implica integrar en una sola red a organismos como IMSS, ISSSTE y los servicios públicos existentes, eliminando barreras administrativas que durante años limitaron el acceso. La presidenta Claudia Sheinbaum calificó este paso como “histórico”, al considerar que permitirá simplificar trámites y ampliar la cobertura sin distinción de afiliación.
Uno de los pilares de esta transición es la credencialización nacional, que permitirá a los usuarios identificarse dentro del sistema y acceder a consultas, medicamentos e historial clínico en distintos puntos del país. Este proceso se desarrollará de manera gradual durante 2026, con módulos instalados en todo el territorio.
Más allá del anuncio, el reto será operativo. La consolidación de un sistema universal no solo depende de integrar instituciones, sino de garantizar abasto, personal y capacidad hospitalaria suficiente. En ese equilibrio entre promesa y ejecución se jugará el impacto real de una reforma que busca redefinir el derecho a la salud en México.