Ayer sostuve una entrevista emotiva con una mujer que no se raja: Marilú me enseñó que la herramienta más poderosa en una guerra política no es el llanto ni la ternura, sino el valor de sostener un ultimátum. Ella pudo recuperar a su hijo Santiago, luego de ser sustraído y ocultado por su progenitor durante casi 10 días. ¿Cuál fue su estrategia? Demostró que estaba dispuesta a todo con tal de llevarlo a casa.
Su caso fue producto de una injusticia que, impulsada por la violencia y la corrupción, por casualidad, se hizo viral. Pero eso la ayudó a sacar la valentía para no ceder y de enfrentar a los altos mandos para gritarles en su cara: “a mí no me vengan a cuentear. Yo solo quiero a mi hijo y sino, armaré un desmadre”.
Qué poder resguardan esas palabras en un mundo lleno de tibiezas. Estoy segura de que Marilú, al igual que muchas otras madres, habría cumplido su palabra porque así lo demostró durante todo un fin de semana, hasta que su bebé de siete meses estuvo en sus brazos.
Dice el refrán popular: “perro que ladra, no muerde” pero al parecer, eso solo aplica en las razas finas y consentidas. Las y los mexicanos somos perros de pelea y estamos cansados de amenazas -en general, creo que el resto de los oprimidos en el mundo también lo están-. Así que sí, todos estamos en la sintonía de cantarte un tiro y armar un pinche desmadre.
Sin embargo, no puedo decir lo mismo de nuestro vecino territorial, Donald Trump, quien no ha demostrado que su peso valga en oro (¿o petróleo?), pues alardea más de lo que hace. Aun así, gracias a sus cantaditas nos toca repartimos los guamazos entre todos y hoy, estamos pagando casi 30.00 pesos el litro de gasolina premium por un berrinche del norteamericano.
Juzgue usted: el disparo de los precios de la gasolina no es un conflicto exclusivo de México. A nivel internacional, se elevó el precio del petróleo debido a que Estados Unidos e Israel siguen escalando sus amenazas de ataque contra Irán. Sin embargo, este último supo cómo castigarlos -y a nosotros- dónde más nos duele: los combustibles fósiles.
Después de haber iniciado la guerra, Irán mantuvo cerrada la ruta comercial en el estrecho de Ormuz, uno de los más importantes en el mundo puesto que es el responsable de transportar una quinta parte del consumo de hidrocarburos. Todo se desató tras un primer ataque que ocurrió el 28 de febrero en la República Islámica.
No hay tregua, aunque el “Taco Trump” lo afirme en redes sociales, Irán se mantiene inamovible en su decisión: abrirán el estrecho solo si se detienen los ataques. En cambio, la respuesta de Trump es aplazar infinitamente sus ladridos de destrucción, que cada vez aumentan más de tono, pero carecen de colmillo.
Por cierto, el apodo “Taco Trump” no fue una genialidad mía -lastimosamente-, sino que se lo ha ganado el portador como un estandarte de su indecisión. TACO se refiere al acrónimo peyorativo que significa, “Trump Always Chickens Out”, o como dirían en mis tierras: que es un rajón.
En la guerra psicológica de la política, tal vez es imperativo saber ladrar más de lo que muerdes. Hasta ahora, eso le había funcionado muy bien a Don Trumpetas, sobre todo en su estrategia de aranceles y cuando amenazó a México con interferir para erradicar el crimen organizado.
Pero con Irán se topó con la pared y es ahí en donde entra nuestra segunda parte de esta cátedra: también es importante estar listo para entrarle a los chingazos. O si no, tus ladridos podrían perder fuerza la próxima vez.
Posdata: No queremos la guerra ni el intervencionismo. Don´t make America great again.