La euforia desatada por el primer gol de Julián Quiñones en el partido entre México y Ecuador trascendió el terreno de juego. La celebración de decenas de miles de aficionados reunidos en el Estadio Azteca fue lo suficientemente intensa para ser detectada por sismógrafos instalados en la Ciudad de México, que registraron una vibración coincidente con el momento de la anotación.
El fenómeno ocurrió alrededor del minuto 21 del encuentro, cuando Quiñones abrió el marcador tras una jugada iniciada por Luis Romo y asistida por Roberto "Piojo" Alvarado. Minutos después, distintos sistemas de monitoreo sísmico reportaron un pulso de corta duración asociado al salto simultáneo de los asistentes, un efecto conocido como "sismo de aficionados", registrado anteriormente en eventos deportivos de gran convocatoria.
La anotación marcó el inicio de una noche memorable para la Selección Mexicana, que terminó imponiéndose 2-0 sobre Ecuador y aseguró su clasificación a los octavos de final de la Copa Mundial 2026. El equipo nacional mostró solidez defensiva y aprovechó sus oportunidades al ataque para superar a un rival que llegaba con una de las plantillas más competitivas del torneo.
El segundo gol, obra de Raúl Jiménez, consolidó el dominio mexicano y desató una nueva ola de festejos tanto en el Estadio Azteca como en plazas públicas y puntos de reunión de aficionados en distintas ciudades del país. La victoria confirmó el buen momento del conjunto tricolor y reforzó el ambiente de entusiasmo que se vive durante el Mundial.
El registro de vibraciones ocasionadas por celebraciones masivas no representa un riesgo para la población, pero sí evidencia el impacto colectivo que pueden generar miles de personas al saltar al mismo tiempo durante acontecimientos deportivos de gran magnitud.