El uso de dinero en efectivo continúa siendo el principal medio de pago en México, donde alrededor del 80% de las transacciones comerciales se realizan con billetes y monedas, de acuerdo con estimaciones académicas. Esta cifra contrasta con economías más digitalizadas como Brasil y Estados Unidos, donde el efectivo representa 40% y 30% de las operaciones, respectivamente.
El investigador del Instituto de Investigaciones Económicas, César Francisco Duarte Rivera, señaló que aunque el país ha impulsado sistemas de pagos electrónicos como el Sistema de Pagos Electrónicos Interbancarios (SPEI) y CoDi, la adopción entre la población sigue siendo limitada debido a factores culturales, sociales y de desconfianza hacia las instituciones financieras.
De acuerdo con el especialista, la preferencia por el efectivo está asociada no solo a hábitos arraigados, sino también a la falta de comprensión de herramientas digitales y al temor de vulneraciones en la seguridad de datos personales. Esto ha ralentizado la transición hacia una economía sin efectivo en el corto y mediano plazo.
Otro elemento clave es la alta informalidad económica en México, que favorece el uso de efectivo al permitir transacciones sin registro digital, lo que dificulta la trazabilidad fiscal y limita la expansión de los sistemas electrónicos de pago.
Duarte Rivera explicó que el avance hacia la digitalización también plantea retos regulatorios importantes, ya que instituciones como el Banco de México deberán fortalecer la supervisión del sistema de pagos para evitar riesgos asociados a la tokenización y al manejo de datos financieros sensibles.
Aunque la transición hacia una economía más digital avanza de forma gradual, el especialista consideró que en los próximos cinco años podría observarse una reducción del uso de efectivo, aunque sin su desaparición. Estimó que el país podría pasar de ocho a cinco transacciones en efectivo de cada diez, dependiendo del fortalecimiento institucional y la confianza ciudadana.
Finalmente, subrayó que el efectivo seguirá siendo parte de la economía mexicana, aunque su relevancia podría disminuir conforme evolucionen la regulación, la infraestructura tecnológica y la inclusión financiera.
Con información de: El Economista.