El Panteón Españita forma parte de la historia y el patrimonio funerario de San Luis Potosí. Su origen se remonta a principios del siglo XX, cuando habitantes de los barrios de San Miguelito, San Juan de Guadalupe y sectores de Tierra Blanca impulsaron la construcción de un nuevo camposanto que permitiera a las familias del sur de la ciudad sepultar a sus seres queridos sin tener que trasladarlos hasta el Cementerio del Saucito, que en aquella época se encontraba alejado de sus comunidades.
La construcción se desarrolló entre 1906 y 1908, y en la entrada del recinto permanece una inscripción con fecha del 22 de noviembre de 1908, que posiblemente corresponde a la conclusión de los trabajos. Sin embargo, pese a que los vecinos solicitaron los permisos correspondientes, el Ayuntamiento se opuso inicialmente a su apertura, situación que provocó varios años de inconformidad y gestiones por parte de los habitantes, quienes argumentaban las dificultades que representaba recorrer largas distancias para llevar a sus difuntos a sepultar.
Finalmente, el 27 de noviembre de 1914, los vecinos entregaron el cementerio al Ayuntamiento de San Luis Potosí y, después de nuevas gestiones, fue inaugurado el 5 de mayo de 1915, con la participación del regidor José de Jesús Berumen. Desde entonces, el recinto comenzó a brindar servicio principalmente a las familias de la zona sur de la capital, convirtiéndose en un espacio importante para las comunidades que promovieron su creación.
Con más de un siglo de existencia, el Panteón Españita continúa formando parte de la vida y las tradiciones de los potosinos. Además de resguardar los restos de numerosas generaciones, conserva historias y leyendas populares, como la de Alex, conocido como “el guitarrista”, cuya tumba recibe visitas y ofrendas relacionadas con la música. Durante las celebraciones del Día de Muertos, el cementerio se convierte en punto de encuentro para las familias que acuden a limpiar, adornar y recordar a sus seres queridos.