Por Redacción Contra Réplica

Lindsay Lohan y Jamie Lee Curtis reviven la magia de “Un viernes de locos” en México con emotiva secuela

La icónica dupla regresa a la pantalla grande dos décadas después, con una nueva historia generacional que conecta con el público mexicano

Lindsay Lohan y Jamie Lee Curtis volvieron a compartir escenario este miércoles en la Ciudad de México, donde presentaron la esperada secuela de Un viernes de locos, a 22 años del estreno original. La cinta, que revive el clásico de Disney con un giro multigeneracional, ha generado entusiasmo tanto por la nostalgia como por su mensaje familiar, y marca además el regreso oficial de Lohan al cine.

En esta nueva entrega, el cambio de cuerpos no se limita a madre e hija: ahora incluye a tres generaciones de mujeres. Anna (Lohan), ya convertida en madre, ve cómo sus hijas también son alcanzadas por la peculiar maldición que obliga a intercambiar identidades con su abuela Tess (Curtis), generando una serie de enredos cargados de humor, música y lecciones emocionales. “Esta historia es para quienes crecieron con nosotras y ahora comparten esas películas con sus hijos”, afirmó Curtis ante medios nacionales e internacionales.

La visita de las actrices a México se convirtió en un fenómeno para el público local, que se congregó desde temprana hora para recibirlas con gritos, pancartas y objetos de colección. Curtis, ganadora del Óscar, no escatimó elogios para los fanáticos mexicanos, mientras Lohan, visiblemente conmovida, aseguró que este país ha sido clave en su carrera. “Siempre estuvieron ahí, incluso cuando no estaba filmando. Gracias por hacerme sentir en casa”, expresó.

Disney apuesta nuevamente por el poder de la nostalgia, sumándose a otros relanzamientos como Lilo y Stitch, pero esta vez con una narrativa que trasciende generaciones. La película conecta con madres, hijas y abuelas, apelando a las emociones compartidas que muchas familias mexicanas viven en su día a día. Esta secuela no solo retoma un clásico, sino que lo adapta a una nueva era con sensibilidad, humor y una fuerte carga simbólica sobre la empatía intergeneracional.