Donald Trump comparó la inseguridad en Washington D.C. con la de “algunos de los lugares considerados los peores del mundo”, mencionando capitales latinoamericanas como Ciudad de Panamá, Brasilia, San José, Bogotá, Ciudad de México y Lima. Durante una conferencia con una sala llena de periodistas, afirmó: “¿Quieres vivir en lugares así? No lo creo. No lo creo”. Para enfrentar la situación, anunció el despliegue inicial de 800 efectivos de la Guardia Nacional, advirtiendo que, si fuera necesario, movilizará también a las fuerzas militares.
Trump criticó la actuación de la policía y los fiscales locales, a quienes considera insuficientes contra la delincuencia en la capital, a pesar de que, según datos del gobierno del presidente Joe Biden, los delitos violentos en Washington registraron en 2024 su nivel más bajo en más de 30 años. Además, el expresidente prometió expulsar a las personas sin hogar, un grupo que en 2024 alcanzó las 5,600 personas registradas en la ciudad, una de las 15 con mayor población sin techo en Estados Unidos.
Durante su discurso, Trump calificó la situación como “total anarquía” y afirmó que se están deshaciendo de las “barriadas”, reconociendo que no es políticamente correcto, pero enfatizando su intención de imponer orden. Lo acompañaban miembros de su gabinete, incluido Pete Hegseth, jefe del Pentágono, quien confirmó el despliegue de la Guardia Nacional la próxima semana y la preparación de unidades especializadas para intervenir si es necesario.
La reacción política fue inmediata y dura. Hakeem Jeffries, líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes, condenó la medida calificándola de “una violación sistemática de la Constitución” para favorecer la agenda personal de un “aspirante a rey”. Mientras tanto, en las calles de Washington, decenas de manifestantes protestaron frente a la Casa Blanca con pancartas que exigían la salida de Trump y rechazaban el despliegue militar, calificándolo como “un gran teatro” y “un espectáculo innecesario”.