Después de una temporada histórica, en la que conquistó la Liga, la Copa, la Supercopa de Francia y, por primera vez, la Liga de Campeones, el París Saint-Germain arranca un nuevo ciclo con la mira puesta en mantener su dominio. El equipo dirigido por Luis Enrique regresa a la Ligue 1 tras una campaña que culminó con un aplastante 5-0 sobre el Inter de Milán en la final europea, la mayor goleada en la historia del torneo.
A pesar de su éxito continental, el PSG no pudo coronarse en el Mundial de Clubes, cayendo en la final ante el Chelsea. Sin embargo, la ambición sigue intacta y la exigencia, tanto de la directiva como de la afición, no da margen a tropiezos: la victoria es la única meta aceptable.
Este año, el club ha optado por un mercado de fichajes más selectivo. La llegada del joven portero Lucas Chevalier, procedente del Lille, marca el fin de la era de Gianluigi Donnarumma bajo los tres palos parisinos. Junto a él, el defensa ucraniano Ilia Zabarnyi, proveniente del Bournemouth inglés, refuerza la zaga.
El Mónaco emerge como uno de los principales candidatos a desafiar al campeón. Su fichaje estrella es Paul Pogba, quien jugará por primera vez en la Ligue 1. Tras superar problemas de lesiones y una sanción por dopaje, el campeón del mundo en 2018 busca relanzar su carrera. El equipo monegasco también ha sumado a Ansu Fati (cedido por el Barcelona), Eric Dier y Lukas Hradecky, apuntando a competir tanto en el torneo local como en Europa.
Por su parte, el Marsella regresa a la Champions League con renovada ambición. Su objetivo es claro: incomodar al PSG y devolver la afrenta de haber perdido el título de “único club francés campeón de Europa”. Para ello, ha reforzado su plantilla con el retorno de Pierre-Emerick Aubameyang y las incorporaciones de Igor Paixao, Timothy Weah y Facundo Medina, además de mantener a figuras como Gerónimo Rulli y Leonardo Balerdi.
La Ligue 1 se perfila como un escenario de alta tensión, donde el PSG parte como favorito, pero con rivales dispuestos a romper su hegemonía.