España enfrenta su peor crisis de incendios forestales jamás registrada, con más de 20 focos activos que consumen la mitad occidental del país y que ya han devastado más de 343 mil hectáreas en lo que va del año. La magnitud de la tragedia ha obligado a movilizar a miles de bomberos, militares y brigadas internacionales, en una carrera contrarreloj por contener las llamas.
Las regiones de Castilla y León, Galicia y Extremadura concentran los principales siniestros, donde miles de personas han sido evacuadas y los daños se cuentan por decenas de miles de hectáreas calcinadas. El saldo humano también crece: seis personas han muerto entre España y Portugal, la mayoría bomberos que perdieron la vida en labores de combate.
La situación ha despertado indignación y desolación entre los habitantes de las zonas afectadas. “Se siente mucha impotencia y sobre todo mucha indignación, por la falta de recursos, por el abandono”, lamentó José Carlos Fernández, vecino de Benavente. La humareda, visible incluso desde el espacio, complica las tareas aéreas y obliga a cierres como el del tramo Astorga-Ponferrada del Camino de Santiago.
El fin de la ola de calor que azotó al país con temperaturas de hasta 45 grados ofrece un respiro en el horizonte, aunque la magnitud de los incendios mantiene la alerta máxima. Equipos de Francia, Italia, Eslovaquia, Países Bajos, Alemania, Suecia y Marruecos colaboran en la contención, mientras el gobierno español admite que 2025 será recordado como el año en que el fuego arrasó sin tregua y dejó una huella imborrable en su geografía y en su gente.